Nunca discutas con un imbécil, te hará descender a su nivel y allí te ganará por experiencia

Si vienes con un problema y no traes la solución, tu eres parte del problema

jueves, 22 de agosto de 2013

Diario del estío (XLVII)




Virus
Una especie de virus me ha atacado en los últimos días impidiéndome cumplir con la tarea de escribir las entradas del diario del estío, que ahora por culpa de ese miserable organismo, van retrasadas. El muy sinvergüenza me ha bloqueado la iniciativa, bombardeado con emisarios corruptos las ideas que iban surgiendo, ha atacado mis defensas, consiguiendo que durante días haya estado a punto de tirar la toalla y dejarme llevar por la desidia y el abandono que pretendían conseguir sus huestes.
Pero yo creo que ahora han cambiado las porfías, y con la normalización de las presiones atmosféricas, todo vuelve a su cauce y los invasores se retiran en huida hacia sus defensas, sin haber conseguido el objetivo que perseguían. ¡Que se jodan! Grita el director del vocero de la derecha recalcitrante, sin saber que soy yo, y que los que se retiran son los suyos, sus correligionarios, una jarca de híbridos, replicas y mutantes, que al ver mis credenciales que acreditan que estoy nuevamente limpio, desisten, pues no saben por dónde atacar, ya que suelen utilizar los flancos débiles y enfermos, más propensos a presentar poca defensa.
Se retiran pero no sé por cuánto tiempo. Seguro que volverán con nuevos bríos y estratagemas, para las que oportunamente empiezo a prepararme. Mientras tanto, a descansar algunas jornadas de tanta tensión y abatimiento, y recobrar fuerzas, que hoy de nuevo han hecho acto de presencia y han sido bien recibidas, como se merecen.
Como he podido ir comprobando esta ponzoña está presente en todos los lados, en cualquier momento aparece en una esquina, llevándose por delante a una motorista. O se deja caer en forma de bloque de hormigón con púas metálicas en una apacible bahía. O en palabras delata a aquellos que recuerdan el oscuro pasado como un castigo merecido hacia los perdedores. O el veneno que portan se reencarna en aguilucho y saludo fascista. ¡Qué tremenda versatilidad! Ahí radica su violencia y peligrosidad, que también tenemos entre nosotros, y a nada que prestemos atención se percibe.
Pero esto no puede durar eternamente, algún día tienen que cambiar las tornas y volver las cosas a su sitio lógico y común. ¿O no?

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