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domingo, 8 de septiembre de 2013

Diario del estío (LIII)




Qué culpa tiene el tomate
La estrofa Qué culpa tiene el tomate que está tranquilo en la mata y viene un hijo de puta
y lo mete en una lata y lo manda pa’ Caracas
, pertenece a la canción Que la tortilla se vuelva, grabada sobre texto y música de una canción popular española por Quilapayun en el año 1968 e incluida en el disco Por Vietnam, me viene al pelo para los tomates del huerto.
Están dando bastante juego y alguna de las variedades, cantidad y calidad. Están ahora mismo en toda su fuga, y mucho me temo, que la variedad autóctona, la de los tomates rosáceos, que todavía están verdes, me va a dar alguna sorpresa y de muestra la de la foto, una pieza de más de 600 gramos. Un colega hace unos días cogió una de más de kilo y medio. No es exageración.
Yo meto los tomates de pera, cual matanza verde, en botes de cristal para su conserva y posterior consumo. Es un punto poder consumir en pleno invierno una ensalada con ellos y poder degustar ese inigualable sabor a tomate de verdad, cuando los que puedes comprar a precio de oro en la tienda, no saben a nada. Hasta el sabor de las cosas nos quitan.
El tomate (Lycopersicon lycopersicum L.) y su fuerte contenido en licopeno tienen un efecto beneficioso sobre la salud humana, reduciendo notablemente la incidencia de las patologías cancerosas de pulmón, próstata y tracto digestivo, cardiovasculares y del envejecimiento.
El tomate, traído por los navegantes españoles de la América andina al viejo mundo en el siglo XVI, despertó muchos recelos, ya que esta solanácea de enorme importancia actualmente a nivel mundial como hortaliza, está emparentada con la venenosa belladona, por lo que inicialmente fue rechazada.
Pero hubo también aspectos morales y de falsas creencias en su rechazo como “hierba de las brujas”. El color rojizo, sus redondeces, rugosidades y protuberancias, por su similitud con las formas femeninas, llamó la atención de defensores, pero sobre todo detractores. En el Norte de Europa no fue consumida hasta el siglo XIX, aunque ya estaba presente en los jardines como planta ornamental.
Cierro aquí y así una semana espesa y correosa, larguísima, a pesar de que las horas de luz han disminuido. Vamos de cabeza a la otoñada, con previsión de tormentas y bajada de temperaturas, aunque todavía queda verano, los coletazos de una estación que entró tarde y que no va a querer retirarse en su fecha, para compensar su tardanza en llegar.
Sigue la cosa tensa, no afloja, y ya me dicen que llevo esa aversión al terreno personal, y no se trata de ello, pues las otras personas, las que perciben esta actitud pueden pensar que lo que trato es de destruir y no de colaborar y arrimar el hombro en una causa común. Recojo la crítica e intentaré corregir estas maneras que me pierden y me hacen parecer algo que no soy, como pensaban esos “viejos sabios” europeos de los tomates traídos de tierras salvajes.

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