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jueves, 2 de junio de 2011

Ladrillos y costumbres chinas

Handan

Otro nuevo día en China, esta vez en Handan, una gran población en el sur de la provincia de Hebei. La ciudad empieza muy pronto a laborar. Grandes avenidas. Caos de tráfico. Peatones, ciclistas, ciclomotores, revientan las calles y forman columnas en movimiento permanente. Se aprecian muchas diferencias entre las supuestas clases dirigentes y el pueblo llano. Enormes cartelones pregonan las consignas oficiales, difíciles de entender para un occidental desconocedor del idioma.

Mucha construcción nueva y otra en fase de edificación. En el artículo de Daniela Assael China y sus nuevas ciudades fantasmas, se afirma que en la actualidad existen en el país 64 millones de pisos desocupados, debido a la burbuja y explosión inmobiliaria que se registra.

Estas viviendas se encuentran en nuevas ciudades creadas donde antes no había nada. Se estima que para el 2025 cerca de 350 millones de personas se irán a vivir del campo a la ciudad. Para el 2030, la increíble cifra de 1 billón de personas vivirá en alguna ciudad China.

Según el McKinsey Global Institute, hoy en China se crean 10 ciudades completamente nuevas al año. La gran especulación que existe en el sector inmobiliario ha hecho que el precio de las viviendas se dispare, siendo inalcanzable para la mayor parte de la población. Se dice que el gobierno chino, mantiene este nivel de construcción, aunque las nuevas ciudades estén completamente desocupadas, para combatir el desempleo y mantener el crecimiento de la economía.

Te sorprende la sucia costumbre de los chinos de escupir en cualquier momento, lugar y forma, acompañada la acción de los rugidos previos de rigor. Es una cuestión cultural relacionada con la creencia antigua de que si tragas el esputo (perdón), tragas impurezas y puedes enfermar, así que cuanto antes, fuera. Ya que estoy con estas cosas guarras, para ellos, los cerdos, somos nosotros, que nos sonamos los mocos y guardamos el pañuelo en el bolsillo.

Nos reciben en la Cámara de Comercio local. Después de las diferentes reuniones y contactos de negocios, llega la hora de comer y de degustar una rica y variada gastronomía, acompañada de licor de arroz, vino tinto –será por nosotros-, y brindis, mucho brindis. Para ellos es muy importante brindar durante la comida.

En el primero metemos la pata hasta el corvejón levantando la copa, signo para ellos de prepotencia y superioridad. Tras una oportuna advertencia, corregimos el desliz, y observamos, que cuando el chino brinda siempre intenta poner el vaso un poco más bajo que el de la persona con la que se está brindando. Esta es una manera de demostrar respeto por la otra persona.

Con tanto brindis la gente del país y extranjera se anima y alegra. Se sueltan las lenguas y les enseñamos nuestro “arriba, abajo, al centro y p´a dentro”. Les hace gracia y se ríen los jodios. Desinhibidos, tanto anfitrión, que tiene que ser alguien del polit burú, y representante de invitados, recorren unas cuantas veces la gran mesa circular, brindando por el futuro éxito de las relaciones comerciales.

Estos chinos son la ostia, les gusta mucho competir con los extranjeros a la hora de beber. Se considera de mala educación el dejar los vasos a medio terminar.

Así que 干杯 (gān bēi) !!!

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