Nunca discutas con un imbécil, te hará descender a su nivel y allí te ganará por experiencia

Si vienes con un problema y no traes la solución, tu eres parte del problema

sábado, 24 de agosto de 2013

Diario del estío (XLVIII)




Cangrejo (Liocarcinus horsatus)
Cangrejos
Compro habitualmente la pesca en la sección de ello de ese supermercado tan de moda, que arrasa con sus cifras de clientes y facturación, y que es un modelo de negocio para los estudiosos del tema, que además lo ponen de ejemplo en las escuelas de negocios.
Las dos últimas veces que he estado, los cangrejos se encontraban un poco alterados y tenían una actividad poco habitual para estar fuera de su hábitat natural, sería que querían un poco de marcha y no les iba nada la que tenían los mejillones y las chirlas enjauladas en sus mallas de plástico, o las navajas, atadas en docenas. Aquello era un muermo. Daba mareo un poco más allá, la imagen de los bonitos fiambres, abiertos en canal o cortados por la mitad, enseñando sus carne rojas, o si no, los huesos descuartizados del rape. Quita, quita… nos largamos de aquí cuanto antes…
Y de ahí la pelea por salirse del hielo picado, saltar esas barreras que son las bandejas y huir. Y la verdad es que algunos lo consiguen aún a riesgo de quedar maltrechos, golpeados en la caída al suelo, perder alguna pinza…, como el que hoy, después de la carrera de obstáculos, y de su viaje al vacío y talegazo correspondiente, ha enfilado el pasillo en busca de la salida. Estaba el jodío bien despierto y espabilado como si se hubieran pasado con la dosis y el chute bórico de conservación. Se lo he dicho a la dependienta y parece como si no le diera mucha importancia, debe estar acostumbrada y aburrida de que al final de la jornada le falte mercancía que no ha vendido, sino que se ha escapado. Dios mío, Sr. Roig, por ahí le pueden venir pérdidas, tiene Vd. un agujero negro en su negocio, y ya se sabe, estas pequeñas cosas, nimiedades para un emporio como el suyo, unidas a otras, a la larga pueden ser un quebradero de cabeza, porque no se abordan con diligencia.
Pues bien le he echado mano, con cuidado de que en su frenética actividad no me trincara con la pinza sana algún dedo, y le he devuelto al lugar de procedencia. En el ínterin he percibido que me miraba raro, más de lo habitual que miran estos bichos y soltaba algún improperio. ¡Que le vamos a hacer! La dependienta a lo suyo, ni se ha inmutado. Detrás de mí una mujercita que ha seguido la escena escapista y captura, ha preguntado si los había de río, esos invasores que han acabado con el autóctono, y también se presentan en sociedad en malla. Pues no señora, de esos no tenemos hoy.
Esta historia viene a colación para dejar constancia de que detrás del éxito arrollador de este modelo de distribución alimentaria y personal de su propietario, hay zonas de sombra y pocas luces. Estamos ante un caso empresarial de depredación sistemática, que pasa por encima, cual rodillo, de derechos laborales y buenas prácticas comerciales. La extorsión a proveedores mediante la imposición de condiciones de suministro y pago leoninos es práctica reglada. No es cierta su implicación y apoyo a los productos locales, es una falacia como otras muchas, ya que en el fondo sólo existe una política de compra a precio bajo, a la que se imputan mermas, pérdidas, costes salariales y beneficio empresarial, y la resultante la pagamos entre todos. Y si aquí no funciona, me voy al país de al lado, donde por ejemplo, consigo aceite de oliva o lo que sea más barato, aunque de peor calidad. Es que como reig que me llamo, soy intocable.

jueves, 22 de agosto de 2013

Diario del estío (XLVII)




Virus
Una especie de virus me ha atacado en los últimos días impidiéndome cumplir con la tarea de escribir las entradas del diario del estío, que ahora por culpa de ese miserable organismo, van retrasadas. El muy sinvergüenza me ha bloqueado la iniciativa, bombardeado con emisarios corruptos las ideas que iban surgiendo, ha atacado mis defensas, consiguiendo que durante días haya estado a punto de tirar la toalla y dejarme llevar por la desidia y el abandono que pretendían conseguir sus huestes.
Pero yo creo que ahora han cambiado las porfías, y con la normalización de las presiones atmosféricas, todo vuelve a su cauce y los invasores se retiran en huida hacia sus defensas, sin haber conseguido el objetivo que perseguían. ¡Que se jodan! Grita el director del vocero de la derecha recalcitrante, sin saber que soy yo, y que los que se retiran son los suyos, sus correligionarios, una jarca de híbridos, replicas y mutantes, que al ver mis credenciales que acreditan que estoy nuevamente limpio, desisten, pues no saben por dónde atacar, ya que suelen utilizar los flancos débiles y enfermos, más propensos a presentar poca defensa.
Se retiran pero no sé por cuánto tiempo. Seguro que volverán con nuevos bríos y estratagemas, para las que oportunamente empiezo a prepararme. Mientras tanto, a descansar algunas jornadas de tanta tensión y abatimiento, y recobrar fuerzas, que hoy de nuevo han hecho acto de presencia y han sido bien recibidas, como se merecen.
Como he podido ir comprobando esta ponzoña está presente en todos los lados, en cualquier momento aparece en una esquina, llevándose por delante a una motorista. O se deja caer en forma de bloque de hormigón con púas metálicas en una apacible bahía. O en palabras delata a aquellos que recuerdan el oscuro pasado como un castigo merecido hacia los perdedores. O el veneno que portan se reencarna en aguilucho y saludo fascista. ¡Qué tremenda versatilidad! Ahí radica su violencia y peligrosidad, que también tenemos entre nosotros, y a nada que prestemos atención se percibe.
Pero esto no puede durar eternamente, algún día tienen que cambiar las tornas y volver las cosas a su sitio lógico y común. ¿O no?

martes, 20 de agosto de 2013

Diario del estío (XLVI)


Olivar de la variedad Castellana en Mazarulleque (Cuenca)

Mazarulleque
Siempre que vuelvo a ese lugar de la Alcarria conquense, en un valle al pie de la Sierra de Altomira, donde nuestros amigos nos reciben hospitalariamente, me embarga la misma sensación de quietud, paz y tranquilidad, que se repite constantemente. En Mazarulleque es como si el tiempo se hubiera parado o transcurriera más lentamente que en otros lugares, cosa que no es posible pero que al menos lo parece, ya que el pueblo y otros de la zona están relativamente apartados de grandes núcleos de población o vías de comunicación principales.
Garcinarro y Jabalera son los otros dos núcleos que conforman la mancomunidad que tiene un área cercana a los 150 km2 y una población de algo más de 300 habitantes, lo que representa 2 habitantes por km2, más o menos, el desierto humano. Una economía de subsistencia basada en el cultivo agrícola de tierras de secano dedicadas a los cereales de invierno, girasol y olivar, y algo de ganadería ovina de aptitud cárnica y láctea. Sorprende que estando cerca de la zona de los pantanos de cabecera del río Tajo, la reserva más importante de agua del centro peninsular que abastece al Levante, Murcia y Almería, a través del canal del trasvase Tajo-Segura, estas tierras estén sedientas y no haya un palmo de regadío. Tampoco se ven las compensaciones económicas por esa explotación hidráulica en los llamados pueblos ribereños de los pantanos, ni las de tener próxima la central nuclear de Trillo en Guadalajara que refrigera reactores en las aguas del Tajo.
En Cuenca dedicamos una mañana a visitar el recomendable Museo de Arte Abstracto Español responsabilidad de la Fundación Juan March –el banquero de Franco-, donde se puede visionar de forma permanente una colección de pinturas y esculturas de artistas abstractos españoles de la generación de los años 50 y 60 del pasado siglo, entre los que cabe destacar a Canogar, Chillida, Martín Chirino, Manrique, Millares, Rueda, Saura, Tápies o Zóbel. El museo se encuentra en la edificación medieval singular de las Casas Colgadas, sobre la Hoz del Huécar.
Seguimos avanzando. Otra jornada. Vamos a pasar el día y a piragüear a lo que eufemísticamente se llama el Mar de Castilla, conjunto de embalses formado, entre otros, por el de Bolarque, Entrepeñas, Buendía, en las provincias de Guadalajara y Cuenca. Pasamos una buena tarde navegando en el tramo del rio Guadiela comprendido entre el salto de Buendía y Bolarque, entre lo que llaman la playa y el embarcadero, en aguas frías y profundas. Hacía más de siete años que no montaba en piragua. La sensación de libertad y contacto con la Naturaleza es espectacular, como los tramos que recorremos, encajados entre altas laderas pobladas de pinos que se han salvado de la última quema, en las que dominan y vuelan algunas parejas de buitre negro.

Ya solo me queda dar las gracias por la pitanza. Poder recobrar el sabor de unas chuletillas de cordero lechal a la brasa, y de ese grandioso queso añejo de oveja de tres años en aceite, aparecido a la chita callando, como quien no quiere la cosa. O de ese típico y rotundo plato llamado morteruelo que hace las delicias de quien lo prueba.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Diario del estío (XLV)




Memoria
Una y mil veces la memoria me transporta a vivencias y sucesos acaecidos en mi juventud o más cercanos, pero lejos en el sistema de medición del tiempo en años. Son recuerdos que se repiten, que vuelven con regularidad, y con una reiteración para la que no encuentro explicación. Es de suponer que en este complejo sistema de la memoria, somos proclives a recordar aquello que nos produce nostalgia, lo que está rodeado de buenas vibraciones, las satisfacciones. Recordamos menos aquello que supuso un quebranto, perjuicio o experiencia negativa.
Es tal la fuerza y potencia de esos recuerdos, que siendo algunos de ellos viejísimos, se conservan íntegros, con profusión de detalles. Como el de aquel vendedor de manzanas acarameladas insertas en un palo largo, que en los recreos del colegio, nos mantenía informados mediante cartel de los KO consecutivos que llevaba el púgil vasco Urtain. Han pasado 45 años de aquello y la evocación sigue estando ahí. Como el incendio y la quema de la iglesia adjunta al instituto, que nos hizo desalojar despavoridos las aulas, rodeados de un humo espeso y olor a tea quemada. De esto último hace casi 50 años. Los hay más antiguos, pero empiezan a ser borrosos, aunque en parte han podido ser reconstruidos gracias a la existencia de fotos e imágenes. Y los hay sin data, aunque su color en blanco y negro, indica que son viejos, muy viejos.
Nuestra vida es un complejo mapa y puzle, con zonas sin leyenda y huecos en blanco. Alguien que ha vivido la suya y compartido retazos de la nuestra, nos sorprende recordando sucesos acaecidos ya olvidados, que ayudan a completar nuestro atlas, que siempre tendrá zonas de sombra y experiencias irrecuperables.
El conjunto de todas esas memorias individuales forma la memoria colectiva de un pueblo, de una comunidad, de una sociedad… Siempre me ha creado intranquilidad esa frase que dice que los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla.

martes, 13 de agosto de 2013

Diario del estío (XLIV)




Gonzalo Fdez de Córdoba (i), Juancar (c) y el regatista Gancedo (d) en 1973
Obituario
Gonzalo Fernández de Córdoba y Larios (Málaga 1934 – Madrid 2013). Ha fallecido un tres veces Grande de España. No sé qué significa eso pero lo dicen las crónicas. Noveno duque de Arión, tercer duque de Cánovas y marques de Mancera, Malpica y Valero. Monárquico y persona del régimen franquista del que sacó buenas tajadas. Malagueño de nacimiento y aficionado al caro deporte de la vela, del que fue olímpico en cuatro ocasiones y también campeón de España entre los años 50 y 70 del pasado siglo. Compinche de regatas en Munich 72 con el Borbón Juancar, para los amigos e íntimos. No tuve el gusto de conocerle, sólo le vi pasar en lontananza, que como el correcaminos, iba levantando polvareda en su potente jeep blanco. Yo me mantenía al loro.
Para estar poco trabajado y muy vivido, nobleza obliga, ha fallecido a una edad quizá temprana: 79 años. Sorprende que lo que más destacan de su vida los medios haya sido su afición deportiva y olimpismo, donde fue al parecer un crack. Nada se comenta de sus emporios empresariales tierra adentro, donde tuvo un éxito desigual tanto en la explotación de tierras de su propiedad, los vastos dominios de su antepasado el Gran Capitán, como en la industria agroalimentaria conservera. La primera actividad, liquidada y vendida para saldar deudas, y la segunda, abandonada y en estado de ruina. Ambas cuestiones demuestran que fue un empresario mediocre, que tras unos años de pujanza, se vino abajo, por problemas de dirección y gestión interna, y manejo del poder.
Ha sido enterrado en ceremonia íntima en el panteón familiar del cementerio municipal de Malpica, por donde han pasado algunos personajes y una purrela de personajillos. El pueblo manso e ignorante, su pueblo feudal se ha despedido de él a la pregunta de qué va a ser de ellos sin el señor, con lo bueno que era y el trabajo que dio. En ese sentido creó escuela, ya que todo giraba en torno a su monopolio, impidiendo que cualquier otra iniciativa o emprendimiento que no fueran los suyos, prosperaran en sus dominios. Eso es una pesada losa que ha marcado el devenir de las últimas cinco décadas de esta sumisa y obediente aldea a orillas del Tajo. ¡Y cuídate muchacho de lo que dices, no vaya a ser que te lleves algún capirotazo¡