Nunca discutas con un imbécil, te hará descender a su nivel y allí te ganará por experiencia
Si vienes con un problema y no traes la solución, tu eres parte del problema
viernes, 17 de marzo de 2017
16 de febrero, jueves
Después de una noche mala, en la que escasamente he pegado el ojo una hora, muy temprano comienza el zafarrancho hospitalario. He orinado poco, estoy reteniendo líquidos y las extremidades presentan hinchazón. Extracción de sangre, toma de tensión y nivel de oxigenación, aseo, inmunodepresores, desayuno, nueva toma de fármacos. A pesar del cansancio decidimos que hay que moverse y me atrevo a dar el primer paseo corto por el pasillo de la planta.
Me rilan las piernas, así que cualquier precaución es poca. Arrastro los pies. Soy incapaz de doblar las rodillas.
jueves, 16 de marzo de 2017
15 de febrero, miércoles
Me dan el alta a planta. En estos días transcurridos he ido conociendo algunos detalles del injerto, he puesto cara al equipo que intervino en el trasplante. He podido preguntar y resolver dudas. Me siento protegido y muy arropado. Me dicen que mi aspecto, color de piel y otros detalles externos han cambiado para mejor. Que ha desaparecido ese color mortecino que tenía y he recuperado el brillo de los ojos. Que mi hígado estaba muy deteriorado, hinchado por la fibrosis y cirrótico. Con una cicatriz marcada de cuando cauterizaron el hepatocarcinoma y a punto de colapsar. Que el nuevo injerto procede de un varón y que su implante se ha visto favorecido por la similitud de tamaño y coincidencia de calibres de venas y arterias. Y que una vez conectado, entró en funcionamiento rápidamente en su labor filtrante y de generación de energía vital.
Me duele algo el pecho. Un dolor punzante que unas veces se refleja en el costado izquierdo, y otras, en la espalda. Ese dolor casi permanente se mitiga bastante con los chutes de analgésicos cada ocho horas, pero ahí está. Limita mi capacidad respiratoria, y sobre todo, por la noche, genera una sensación de ahogo chunga, de falta de aire, que te impide conciliar el sueño. Me dicen que es un derrame pleural, derivado de la intervención y de la manipulación de las entrañas. Que pasará. A pesar de ello y para no arriesgar vuelven a realizarme multitud de pruebas, que descartan la existencia de otros problemas.
Paso todo el día tranquilo en la habitación, parte tumbado en la cama y el resto sentado en la butaca. Aunque no noto la cicatriz, si actúo con precaución. Me han rajado el abdomen, de lado a lado, y ahora es una cremallera de sesenta y cinco grapas, a la que he puesto el nombre de la Zapatista, en honor al cirujano que la cosió, oriundo del otro lado del charco, al que pregunte si sabía cuántas me había puesto.
- Unas treinta, -me contestó.
- Entonces no es solo obra suya, -le dije.
- Ah! sí, al otro lado había un colega haciendo lo mismo, -confirmó.
Me siento cansado y muy débil.
miércoles, 15 de marzo de 2017
11 de febrero, sábado
Leonard Cohen.
Alguien me despierta. Poco a poco vuelvo a la consciencia. Estoy lleno de tubos y vías. Aún bajo los efectos de la sedación. Me dicen que son las once y media de la mañana, que todo ha ido bien y que pasaré unos días en la unidad donde estoy ahora. Que pronto mis familiares pasarán a verme. No siento nada, no me duele nada. Sólo quiero beber agua, mucha agua, estoy sediento, pero beber no va a ser posible de momento y hasta que transcurran unas horas.
Por fin veo a los míos, en la hora de la visita van pasando a oleadas. Estoy contento, me gusta. Hay quien me besa en los labios y me abraza, no sabe que no debe hacerlo. Tengo la voz ronca, las palabras me salen de la profundidad de la caverna. Me recuerda la cadencia y tono del fallecido Leonard Cohen. Todos ríen del comentario. Yo también, estoy vivo.
lunes, 13 de marzo de 2017
10 de febrero, viernes
Hospital Universitario Puerta de Hierro. Majadahonda (Madrid).
Otro día de mucha faena. Empiezo pronto, la mañana discurre rápida, y como casi siempre, atiendo lo urgente e inmediato, aplazo lo menos perentorio para otro momento, casi siempre para los próximos días, y el resto, lo registro, quedando para cuando se pueda, que normalmente es nunca, porque carece de relevancia.
La hora de la comida llega rápido. La misma rutina de todos los días, los mismos tiempos, los mismos comensales. Nos hemos quedado solos y el abuelo, que acude puntualmente a la cita y ritual. Hoy tenemos arroz tres delicias y calamares a la romana. En quince minutos todo está despachado y cada mochuelo vuelve a su olivo.
Me voy a la habitación a intentar conciliar un sueñecito y siesta reparadora. En eso estoy cuando suena el teléfono, número largo que empieza por 630... Sé quien me llama: ellos también tienen sus horarios y procedimientos, y esta es la cuarta vez en trece meses y va a ser la definitiva. Lo presiento.
- Diga.
- Juan, qué tal estás?
- Bien -el corazón me late a cien-.
- Soy María, del equipo de trasplantes, tienes que venir urgentemente, hay un órgano disponible de tus características.
- De acuerdo, voy para allá. En algo más de una hora estoy ahí -contesto-.
Subidón de adrenalina. Salto de la cama como un resorte. Voy al salón:
- Vámonos, que han vuelto a llamar.
Quince minutos más tarde ya estamos en ruta dirección a la periferia de Madrid, autovía de Extremadura ahora llamada del Oeste, M50 y fin en Majadahonda, a ese hospital que parece una ciudad en pequeño, del que dicen que Florentino Pérez obtuvo por la venta de sus derechos de explotación 44 M€ limpios de polvo y paja, y dónde desde hace cuatro años llevan mi historial clínico y me han salvado la vida, a punto de un si no es.
A eso de las cinco de la tarde ya estoy fichado en urgencias e identificado con esas pulseras que serán compañeras de viaje los días de hospitalización. Me informan que el equipo de trasplantes ha ido a ver y extraer el órgano del donante cadáver, y que en función de su estado, decidirán. Los grupo sanguíneos de donante y receptor coinciden, condición indispensable.
Ahora toca pasar a la fase de los preparativos y esperar. Pruebas previas de estado. Rasurado, desinfección externa y lavativa purgante para expulsar todo lo que llevo dentro. Han pasado ya tres horas y todavía no sé nada. Estoy tranquilo y seguro de que esta no se me escapa como las anteriores. Soy el más antiguo de mi grupo de trasplante, y el tiempo inicial de espera indicado, se ha sobrepasado con creces. Rápido salgo de dudas, la coordinadora de trasplantes, una gallega que se las sabe todas, curtida en estas lides, que contesta a tus preguntas con otra pregunta y que no suelta mas prendas que las necesarias, aparece nuevamente en escena para espetarme:
- Nos vamos al quirófano.
Ya es noche cerrada. La camilla llega pronto a la zona de quirófanos, donde todo acontece de forma rápida. Una mantita térmica para protegerme de la gélida estancia, unas palabras de ánimo y el anuncio de que me voy a dormir enseguida. Una mascarilla, adormecimiento y desconexión.
domingo, 12 de marzo de 2017
JUANITO RECUPERATE
En el estanque del Parque del Retiro de Madrid
Estos tres muchachos de la foto, hijos de una gran compañera de trabajo, me visitaron una tarde en compañía de sus padres, durante la hospitalización. Me regalaron un cuaderno negro con páginas rayadas horizontalmente, para que escribiera. Rotularon con letras adhesivas de orla dorada la tapa exterior con el texto "Juanito recupérate". Un obsequio y gesto que les agradecí, y que tendré tiempo de recompensarles. Son pequeños, no sé si plenamente conscientes del significado de su acción, pero el convencimiento y desenvoltura de ejecución de la entrega me conmovió y llegó al corazón.
Y eso es lo que he hecho: escribir. No todo lo que hubiera querido, pero si he ido registrando aquellos pensamientos que han surgido en el nuevo y estrenado estado de trasplantado -una nueva vida me dicen-, y también aquellas observaciones y chascarrillos inevitables, que surgen con el paso de los días en la disciplina y rutina hospitalaria.
En próximos y sucesivos días iré colgando en este abandonado blog la "producción" manuscrita y recuerdos de 28 días de invierno, con inicio el 10 de febrero y final feliz el mismo día de marzo, esos días largamente esperados, y que durante más de un año me han tenido en vilo y tensión permanente las 24 horas del día, ojo avizor al teléfono y aviso, y con los movimientos limitados en un radio de acción de doscientos kilómetros y máximo dos horas de desplazamiento hasta el hospital. La espera ha merecido la pena, el objetivo cumplido. Paso página a otro suceso desagradable en mi salud. En los últimos 10 años ha habido unos cuantos episodios aciagos, que afortunadamente he ido superando. Soy un sobreviviente nato, lucho y me agarro a cualquier opción vital, por muy pequeña que sea y no tiro nunca la toalla: Hasta el rabo todo es toro. Así soy yo, cansino, constante, contumaz, pesado...
"Juanito recupérate" se lo dedico al trío infantil, a sus padres, a mi Morgui, a mis queridos hijos Mauro y Marcos, a la familia de Madrid que me ha acompañado, a la familia lejana que en paralelo están sufriendo también una enfermedad letal y destructiva, a los amigos que se han acercado a dar ánimos y a los de allá que han estado pendientes, a los compañeros y compañeras que se han interesado por mi estado. Se lo dedico a la vida y no digo más.
sábado, 5 de noviembre de 2016
China y la especulación del ajo
Paradójicamente, un país que se define como comunista y con una economía planificada, propia de ese tipo de regímenes, padece en la actualidad -como ya le ocurriera en 2009-, un problema típico de las economías de mercado occidentales: la especulación pura y dura en torno a un producto agrícola, en este caso el ajo, del que son los mayores productores mundiales, representando más del 80% de la producción y el comercio.
Por las informaciones ya conocidas meses atrás que trascendían del gigante asiático, el cultivo y producción en la campaña 2015-16 ha sufrido severas inclemencias meteorológicas en forma de heladas e inundaciones que han dañado los cultivos y a la postre han provocado un recorte de la producción entre el 15-20%.
Según datos de la FAO, China ha cultivado de media en el período comprendido entre los años 2010 y 2013 la nada desdeñable cifra de 800.000 hectáreas de la que ha obtenido casi por año 19 millones de toneladas, producción que le ha permitido atender su consumo interior, los mercados de los países limítrofes e inundar a bajo precio y rallando en prácticas de dumping el resto de los mercados mundiales, en los que ha ocasionado graves problemas a las producciones locales.
El períodico Financial Times se hace eco en estos días de este tema indicando que en la provincia oriental de Shandong en la que se cultiva principalmente el ajo, las expectativas ya conocidas de malas cosechas llevaron al acaparamiento de producto por parte de los comerciantes locales, operación financiada por capital procedente de Pekín y otras grandes ciudades, información corroborada por Cui Xiaona, analista de Sublime China Information Group Co., Ltd., un servicio de información sobre productos básicos líderes en China como el ajo .
Que un medio de comunicación económico occidental informe de este asunto no debe llamar la atención, que lo haga con tanto retraso tampoco, ya que estamos hablando de un producto agrario menor, lo que si huele mal es que por medio se cuelen las alertas lanzadas por comerciantes holandeses que se quejan, pobrecitos ellos, de los malvados especuladores chinos que con mucho dinero han acaparado grandes volúmenes de ajo que ahora no quieren vender. No tenemos que olvidar que estos comerciantes, son los principales importadores de ajo chino a la Unión Europea, los mismos que continuamente están intentando forzar las medidas de protección existentes frente a las importaciones, y a los que no les importaría nada que esto reventase para hacerse ellos finalmente dueños del cotarro y así acabar ya definitivamente con la producción de la UE.
El escenario que nos retratan se produce ahora en China es el de que los precios del ajo se han duplicado, hay concentración de la oferta en pocas manos, hay especulación, que falta suministro y los altos precios han llevado a una disminución de las exportaciones chinas, que están en un mínimo de cuatro años. En los primeros siete meses de este año, las exportaciones de ajo fresco cayeron un 12 % a 895.000 toneladas.
El ajo no es el único producto interés de especuladores, hablan también de frijoles, nueces, té negro, productos que como dicen han caído a los caprichos de "dinero caliente".
No parece que estas circunstancias cambien. El ajo en China seguirá almacenado, incrementando su precio debido a los intereses de capital y los costes de almacenamiento, y de no agotar existencias, la oferta china tendrá que hacer frente a la producción de dos campañas, la vieja y la nueva por venir. Esto ahora representa para nuestras producciones algo bueno, ya que nuestros precios en origen mantienen el tipo, hay demanda y después de muchas penurias, el comercio es rentable. Sabemos por experiencia que la actual coyuntura es un espejismo, pero vamos a disfrutar de ella mientras dure. China tarde o temprano nos volverá a sacudir, a no ser que se confirme la tendencia en el ciclo productivo, que apunta a que el ajo está reduciendo su importancia en el computo total de las producciones agrarias, debido entre otros factores, al éxodo que se está registrando de población rural a zonas industriales para cubrir las necesidades de mano de obra.
sábado, 24 de enero de 2015
Diario hepático
El lunes no había noticias. Nada de nada.
- Está a punto de “caer”, pero aún no nos ha llegado la autorización de la Comunidad.
A seguir esperando, me digo para mis adentros.
Regreso a casa con una mezcla de angustia, duda y desazón, y el convencimiento que el tratamiento puede ser cuestión de días o de una larga espera. Tengo pocas ganas de nada, vuelvo cabizbajo y apesadumbrado.
El martes en el sillón del dentista que me está poniendo el paleto caído, oigo zumbar el teléfono. Suena varias veces y de forma insistente.
- No será algo urgente?, me dice.
- No creo, nada que no pueda esperar, le contesto.
A la salida de consulta miro el registro de llamadas. Hay tres de un número de esos largos que empiezan por 630. Doy a la rellamada, un tono y al otro lado alguien me dice:
- Juan
- Si soy yo
- El doctor Calleja al aparato, me dice. Reconozco su voz.
Continúa:
- Ya tenemos el tratamiento, puede venir a por él.
El corazón me da un vuelco. No sé qué decir.
- Localíceme el viernes en endoscopias. Le extiendo la receta, le explico las instrucciones y retira a continuación la medicación en la farmacia del hospital. De acuerdo?
No me salen las palabras. Cierro la conversación de la mejor forma posible:
- Gracias doctor, allí estaré… hasta el viernes.
En vez de saltar de alegría, pegar un grito de desahogo… permanezco tranquilo, como digiriendo el notición. Llamo a Morgui y se lo cuento.
- Pero churri - me dice-, cómo es que estás tan apagado.
- No lo sé, -contesto.
Poco a poco voy siendo consciente de la buena nueva y mejorando el ánimo: Ya tengo el tratamiento salvador¡¡¡
Viernes.
Me presento a primera hora en el hospital. Hace un frío en la calle del carajo. Hay restos de nieve reciente y mucho hielo. Han esparcido sal por las aceras para evitar resbalones y caídas. Voy directamente a la segunda planta. En secretaría me identifico.
- Espere en la sala, ahora le avisamos.
No pasa mucho tiempo hasta que me llaman. Están en la consulta los dos médicos que me han visto últimamente. Nos saludamos. Me siento. Calleja como siempre directo y al grano. Es un gran especialista. Su tiempo es oro y hoy tendrá que ver muchos pacientes. Le noto animoso. Comentamos algunos asuntos recientes sobre la crisis que está habiendo en relación a la hepatitis C y el no acceso de todos los enfermos a los tratamientos de nueva generación. No es mi caso.
- Vd. tiene todos los condicionantes que los hepatólogos consideramos deben reunir los enfermos a tratar de forma urgente. Por eso nos hemos opuesto a los criterios de tratamiento establecidos por el Ministerio a nuestras espaldas. Sepa –no me cabe duda, pienso-, que estamos con Vds. y apoyamos sus demandas.
Me vuelve a insistir en argumentos que ya me había comentado con anterioridad en la consulta de diciembre:
- La queja que Vds. están haciendo está cada vez mas “politizada”, y eso no es bueno para nadie. Nosotros somos médicos y notamos que la presión de los enfermos en las consultas es cada vez mayor, exigiendonos actuaciones que no de nuestra competencia, sino de los responsables políticos. Y además -me dice-, el colectivo de enfermos al hacer interpretaciones científicas sobre el VHC, algunas veces se equivoca y se desprestigia. Dejen esa parcela a los que sabemos –me remata-.
No es el lugar ni el momento para entrar en debate con él, así que le escucho atentamente y doy la callada por respuesta. Se le nota seguro y convencido de lo que está diciendo. Esa honestidad que demuestra me gusta y lo dejo ahí, ya habrá ocasión mejor.
Me explica que han decidido incluir un tercer fármaco en el tratamiento, la ribavirina, que aumenta en unos puntos el porcentaje de éxito de la terapia, ya de por sí muy alto, en torno al 90%. Tiene el inconveniente -que ya conozco-, de provocar fuertes anemias, que en mi caso con el nivel de plaquetas tan bajo que presento, aparecerán con seguridad. Nada que no se pueda solucionar. Me comenta otra serie de síntomas que se pueden presentar durante las 12 semanas de tratamiento: nauseas, vómitos, mareos, cefaleas, picores en la piel, etc. Que los vigile y avise si son muy agudos.
Después a la farmacia donde me dan la artillería para 28 días de tratamiento a razón de ocho pirulillas diarias, en dos tomas cada 12 horas y siempre con el estomago lleno, para que sean eficaces.
En una bolsita de plástico llevo tres cajas que según las indecentes farmacéuticas y el mercado capitalista valen casi 20.000€. Es el tratamiento de un mes.
Ese tratamiento que no llega a todos los enfermos, que erradicaría esta grave y silenciosa enfermedad, ahorrando muertes innecesarias e ingentes cantidades de fondos que se destinan en la actualidad a trasplantes, hospitalizaciones y fármacos obsoletos.
EN ESPAÑA MUEREN AL AÑO 4.000 PERSONAS POR EL VHC, 11 AL DÍA, 2 CADA HORA
SI ESTAS MUERTES SE PUEDEN EVITAR Y NO SE HACE, LOS RESPONSABLES POLITICOS ESTAN CONTRIBUYENDO A ELLO, OMITIENDO EL DEBER DE AUXILIO SANITARIO A LA CIUDADANÍA
TRATAMIENTO PARA TOD@S YA
jueves, 1 de enero de 2015
La rebelión de los apestados

Eso fue lo que creyó que yo era cuando le pedí en el vestíbulo del hospital que firmara a favor de los pacientes de VHC. Hay gente que no hace falta que hable para saber lo que piensan. El gesto y la mueca que hizo le delataron: “Que os jodan, lo tenéis bien merecido”. Hay muchos que piensa aún que la enfermedad que padecemos es debida a malos hábitos de vida propios de yonkies, putas y maricones, gente de mal vivir, y que tenemos lo que nos hemos buscado.
Para expertos hepatólogos la mitad de los contagios existentes son debidos a su trasmisión por sangre infectada con el virus, de la otra mitad se desconoce su origen. Hace algo más de veinte años no existía control sobre la presencia del virus en las donaciones y transfusiones sanguíneas. Al final de los ochenta y principios de los noventa, en pleno boom del caballo, se compartían agujas. Los útiles dentales odontológicos y quirúrgicos tampoco seguramente eran debidamente desinfectados y supervisados, los tatuajes y perforaciones corporales sin garantías, etc. La transmisión vía sexual en prácticas poco seguras también es una vía de contagio.
Hace escasos meses, la opinión pública, poco sabía de esta silenciosa y letal enfermedad, aparte de los especialistas hepatólogos que la tratan y del medio millón de enfermos que la padecemos en diferentes estadios de desarrollo. Todo cambió y de qué manera a raíz de conocerse la existencia de fármacos de nueva generación que en los ensayos realizados, y a diferencias de las terapias tradicionales basadas en interferón y rivabiriva, alcanzaban tasas de curación cercanas al 95%. Esto debería suponer un antes y un después para una terrible enfermedad que en 2013 se llevó por delante a 4.000 enfermos, la friolera de 11 personas al día.
Cuando muchos países de nuestro entorno y otros en vías de desarrollo con alta prevalencia de la enfermedad ya habían incorporado los fármacos de nueva generación a sus sistemas de salud o facilitado el acceso a ellos a precios asequibles, las autoridades sanitarias del actual gobierno del PP con la dimitida Ana Mato a la cabeza, seguían deshojando la margarita e incurriendo en un retraso criminal del derecho de auxilio, socorro y protección a los enfermos de VHC. Es en octubre de 2014 cuando se anuncia una partida de 125 M€ para 2015 y cuando la Agencia Española del Medicamento incorpora el Sovaldi (Sofosvubir) en la lista de fármacos autorizados.
Una rápida cuenta matemática nos desvela el engaño y mentira de este anuncio. Si la negociación efectuada con la farmacéutica Gillead sitúa el precio de Sovaldi en 25.500€ para un tratamiento de 12 semanas, que precisa ser combinado con otro fármaco para hacer realmente efectivo el tratamiento, estamos hablando de un coste por paciente de 40.000€ (125 M€/40.000€ tratamiento = 3.125 tratamientos), lo que indica que la nueva terapia sólo llegaría al 0,6% de toda la población afectada. Si el cálculo se hace para la población más aquejada que se calcula son unos 35.000 individuos (fase 4 de desarrollo, cirrosis, trasplantados hepáticos reinfectados, desarrollo de neoplasias y tumores, etc.), estamos hablando de tratamiento para el 9% de los pacientes… ¿y el resto qué?
Muchos de los tratamientos prescritos por los especialistas meses atrás no llegan a los pacientes, ya que son las Comunidades Autónomas quiénes tienen que aprobarlos en última instancia. La gente sigue muriendo. Ya no son muertes son asesinatos consentidos. Sólo en la Comunidad de Madrid de los 450 casos más graves, el tratamiento ha llegado a 160 enfermos, y en un caso conocido, el de Mª Teresa Casas, dos días antes de que falleciera en el Hospital Severo Ochoa de Leganés.
En qué clase de país vivimos, donde para curarnos de una enfermedad, tenemos que manifestarnos, encerrarnos, protestar… para conseguir lo que nos pertenece, lo que hemos estado pagando y seguimos haciendo durante nuestra vida laboral.
Las movilizaciones y protestas son la chispa que ha encendido la llama. Los medios de comunicación se han hecho eco en las últimas semanas de la lucha y el drama que viven los enfermos de hepatitis C. Primero fue el caso de Saturnino Cobo y su mujer Belén Martín que opto por ponerse en huelga de hambre a las puertas del Hospital Ramón y Cajal de Madrid. Cinco días después tenía el tratamiento que antes le habían denegado, y de entonces ahora, su mejoría ha sido espectacular. Luego el encierro indefinido de enfermos que se mantiene desde el 18 de diciembre en el Hospital 12 de octubre. La cadena humana del día 27 de diciembre rodeando el Ministerio de Sanidad, a lo que seguirán nuevas acciones y movilizaciones hasta que se consiga el tratamiento para todos los pacientes sin que quede excluido nadie. Ese es el objetivo, al que poco a poco se van sumando pacientes de otros territorios y Comunidades.
Esto no hay quien lo pare, porque la unión hace la fuerza.
domingo, 28 de septiembre de 2014
Dejarnos vivir
Hoy, a esta hora tardía, llueve sobre Madrid, copiosamente. No para, la ciudad se ralentiza, se hace torpe y peligrosa en los movimientos. Aumentan las dudas. El río esta mañana también acusaba la tromba caída de madrugada. Cambió su color gris por el verde amarronado, subió el nivel. Augura buena otoñada. Pero esto no es todo. Hoy puedo decir, con contenida esperanza y alguna que otra duda –por mi desconfianza innata-, que la jornada pasará a ser de las mejores de los últimos años.
La ministra de los globos festivos y jaguares en garaje ha hecho público –por fin-, que el Ministerio de Sanidad se hará cargo del fármaco Sofosbuvir –la penicilina de la hepatitis-, que en un 90% de los casos cura la enfermedad, y que el tratamiento empezará a suministrarse en octubre, a aquellos pacientes que lo precisen.
Yo debo de estar entre ellos si se valora mi situación actual extrema y antecedentes clínicos, después de unos cuantos años deslizándome sobre el filo de la navaja y del tratamiento fallido de hace dos con la terapia tradicional. En buena lógica debería ser así, aunque con esta gente nunca se sabe, son los mismos que han vendido la sanidad pública que tanto nos ha costado, los que la han mercantilizado y privatizado.
Hasta ayer quien quería someterse al nuevo tratamiento “valorado” en 60.000€ tenía que costeárselo de su bolsillo o endeudarse hasta las cejas. Es el mismo tratamiento que no vale lo mismo en Europa que en países pobres o en vías de desarrollo, donde la farmacéutica Gilead lo comercializa a un 10% de su valor en el mercado occidental en el que no hay la misma demanda.
Al margen de su coste, la enfermedad del VHC es una lacra mundial. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) es un problema que afecta a cerca de 150 millones de personas. En España hay 500.000 personas infectadas y se le achacan anualmente 4.000 muertes en pacientes que llegan desahuciados al último estadio de la enfermedad denominado F-4, hablando en plata cirrosis y cáncer hepático.
El otoño viene lluvioso, ojalá continúe así y limpie esta inmundicia que actualmente decide y gestiona sobre el sistema de salud pública. Fuera, fuera ya de una vez ¡¡ Dejarnos vivir.
miércoles, 9 de julio de 2014
Empezando a apuntar
El primero en llegar con chaleco
fosforito me preguntó que cómo me encontraba. Bien, le dije. Bastante aturdido aún pregunte qué había
pasado. No se preocupe, me contestó, ya vienen de camino las asistencias. Al
poco rato apareció un picoleto con gorra de plato, chaleco y ese pifanillo de
luz fluorescente amarillenta. Me fusiló en el acto: a qué velocidad iba,
llevaba el cinturón, me espetó. Nada de cómo está, le duele algo, no que va…
Hijo de la gran puta¡¡¡ y con las mismas se fue.
Estaba encajonado en el asiento, apenas
me podía mover, me dolía el pecho y empezaba a notar el frio de la madrugada. A
duras penas recogí los enseres a mí alrededor. Las gafas que salieron volando,
el móvil, apagué la radio, quité el contacto. De la parte delantera salía humo.
El airbag me dijeron luego. El
ambiente del habitáculo estaba espeso y picante, también del gas que expulsa el sistema de
protección.
Llegó una ambulancia que se situó
delante. Había uno de atestados sacando fotos, la Benemérita volvía a la
escena, pero sólo a tomar nota. Luego los bomberos, los putos amos del asunto.
Pusieron a cada uno en su sitio y con destreza y rapidez me sacaron del
vehículo en una operación limpia. De ahí a la camilla, a la ambulancia y al
hospital.
Había vuelto a nacer. Escapé otra
vez con vida de esos sucesos que nos ocurren, que no avisan y de los que
inexplicablemente salimos indemnes o casi. En esta ocasión todo fue tan rápido,
que no hubo tiempo para repasar mentalmente nada, como dicen algunos en
similares trances que ocurre: toda tu vida se concentra en segundos y pasa en
un fogonazo por tu imaginación.
No, ahora no. Me agarré con todas
mis fuerzas al volante y noté como del impacto, el motor caía al suelo y el
vehículo se arrastraba un trecho largo, hasta que quedó detenido en la mediana.
Silencio, asfixia, dolor y rabia. Que había pasado. Alguien que me precedía se
despistó, se salió de la vía, volvió a entrar, choco con la mediana y quedó
atravesado. Me lo llevé por delante. No vi nada, ni luces, ni destellos, solo
un bulto atravesado cuando estaba a pocos metros de él, y ya no era posible
sortearle.
Todos me hablan de la buena
suerte que he tenido. Cierto. Que me olvide de los daños, que lo importante es
poderlo contar. Son una serie de sartas y latiguillos que se dicen en ocasiones
de este tipo. Está bien, si, pero no te puedes olvidar de la imagen del instante fatídico. Se te aparece en el momento más insospechado, se repite
machaconamente, te hace encogerte en sueños, y ahí está la muy condenada y
estúpida. Persiguiéndote como una bicha mala.
Han pasado los días y sigues
recuperándote lentamente del shock, de
las lesiones físicas, algunas de las cuales no tienen remedio, ya que han
venido a agudizar otras óseas que ya había. Vuelves a intentar encajar tu vida
y actividad en la rutina habitual, y poco a poco lo vas consiguiendo. No sin
dificultad y malos ratos.
Piensas. Estás hecho ya un carcamal.
Lleno de achaques y goteras. Te vas encorvando como los viejetes, sólo te falta
la boina y la garrota. Tengo que irme de aquí, llevo tentando la suerte mucho
tiempo, y hasta ahora ha salido bien, pero ya toca cambio de tercio y de aires.
Vamos a intentarlo.
La segunda parte de esta historia
está por escribir, tiene que ser feliz y placentera, y ya ha empezado a
apuntar.
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