
Baltasar era el sastre de Valdepeñas de Jaén, pequeño pueblo serrano del sur de la provincia. Un día, él y su hijo Ricardo, ambos aficionados a los pájaros, capturaron una jilguera que amaestraron enjaulada.
Llegado el otoño la pájara escapó. A la primavera siguiente, comprobaron sorprendidos, que la jilguera había regresado, hizo nido y crió polluelos, que llenaron la sastrería de trinos y cantos.
Años después Baltasar murió y la jilguera estuvo todo el tiempo junto al finado hasta su entierro.
1 comentario:
Qué bonita historia y por cierto, qué guapo estás en la foto!!
Hacía tiempo que no pasaba por aquí. Está chulo tu blog. Besos
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