
Nunca discutas con un imbécil, te hará descender a su nivel y allí te ganará por experiencia
Si vienes con un problema y no traes la solución, tu eres parte del problema
miércoles, 16 de julio de 2008
Retroceder más de un siglo, la Directiva indigna

lunes, 14 de julio de 2008
El plantador de dátiles

En un oasis escondido entre los más lejanos paisajes del desierto, se encontraba el viejo ELIAHU de rodillas, a un costado de algunas palmeras datileras. Su vecino HAKIM, el acaudalado mercader, se detuvo en el oasis a abrevar sus camellos y vio a ELIAHU transpirando, mientras parecía cavar en la arena.
- Que tal anciano? La paz sea contigo.
- Contigo- contesto ELIAHU sin dejar su tarea.
- Que haces aquí, con esta temperatura, y esa pala en las manos?
- Siembro- contesto el viejo.
- Que siembras aquí, ELIAHU?
- Dátiles -respondió ELIAHU mientras señalaba a su alrededor el palmar.
- Dátiles!!!- repitió el recién llegado, y cerro los ojos como quien escucha la mayor estupidez.
- El calor te ha dañado el cerebro, querido amigo. Ven, deja esa tarea y vamos a la tienda a beber una copa de licor.
- No debo terminar la siembra. Luego si quieres, beberemos...
- Dime, amigo: Cuantos años tienes?
- No se... sesenta, setenta, ochenta, no se... lo he olvidado... pero eso que importa?
- Mira amigo, las datileras tardan mas de 50 años en crecer y recién después de ser palmeras adultas están en condiciones de dar frutos. Yo no estoy deseándote el mal y lo sabes, ojala vivas hasta los 101 años, pero tú sabes que difícilmente puedas llegar a cosechar algo de lo que hoy siembras. Deja eso y ven conmigo.
-Mira Hakim, yo comí los dátiles que otro sembró, otro que tampoco soñó con probar esos dátiles. Yo siembro hoy, para que otros puedan comer mañana los dátiles que hoy planto... y aunque solo fuera en honor de aquel desconocido, vale la pena terminar mi tarea.
-Me has dado una gran lección, ELIAHU, déjame que te pague con una bolsa de monedas esta enseñanza que hoy me diste - y diciendo esto, HAKIM le puso en la mano al viejo una bolsa de cuero.
-Te agradezco tus monedas, amigo. Ya ves, a veces pasa esto: tú me pronosticabas que no llegaría a cosechar lo que sembrara. Parecía cierto y sin embargo, mira, todavía no termino de sembrar y ya coseche una bolsa de monedas y la gratitud de un amigo.
-Tu sabiduría me asombra, anciano. Esta es la segunda gran lección que me das hoy y es quizás más importante que la primera. Déjame pues que pague esta lección con otra bolsa de monedas.
- Y a veces pasa esto -siguió el anciano y extendió la mano mirando las dos bolsas de monedas-: sembré para no cosechar y antes de terminar de sembrar ya coseche no solo una, sino dos veces.
- Ya basta, viejo, no sigas hablando. Si sigues enseñándome cosas tengo miedo de que no me alcance toda mi fortuna para pagarte...
Cuento: Jorge Bucay, Déjame que te cuente. De un cuento sefardí de Leo Rothen's Jewish Treasury.
viernes, 4 de julio de 2008
El precio del petróleo y lo que pagamos
Comparativa del precio del barril de petróleo y precio del litro de gasóleo
Año 2000
Cambio U.S. Dólar $ - Euro €: 1,2
Precio barril de petróleo: 60 $ = 72,00 €
Precio de 1 litro de gasóleo: 0,65 €/Lt.
2 de Junio de 2008
Cambio U.S. Dólar $ - Euro €: 0,643
Precio barril de petróleo: 125,57 $ = 80,74€
Precio de 1 litro de gasóleo: 1,308 €/Lt
Subida precio del barril de petróleo de 72,00 € a 80,74 € = 11,21 %
Subida precio del litro de gasóleo de 0,65 € a 1,308 € = 100,12 %
Algunos enlaces con noticias de interés sobre el asunto:
Curso básico de Bolsa

Los campesinos, que sabían que el bosque estaba lleno de monos, salieron corriendo a cazar monos. El hombre compró, como había prometido en el aviso, los cientos de monos que le trajeron a 10 € cada uno sin chistar.
Pero, como ya quedaban muy pocos monos en el bosque, y era difícil cazarlos, los campesinos perdieron interés, entonces el hombre ofreció 20 € por cada mono y los campesinos corrieron otra vez al bosque.
Nuevamente fueron mermando los monos y el hombre elevó la oferta a 25 €, y los campesinos volvieron al bosque, cazando los pocos monos que quedaban, hasta que ya era casi imposible encontrar uno.
Llegado a este punto, el hombre ofreció 50 € por cada mono, pero, como tenia negocios que atender en la ciudad, dejó a cargo de su ayudante el negocio de la compra de monos.
Una vez que viajó el hombre a la ciudad, su ayudante se dirigió a los campesinos diciéndoles:
- Fíjense en esta jaula llena de miles de monos que mi jefe compró para su colección. Yo les ofrezco venderles a ustedes los monos por 35 € y cuando el jefe regrese de la ciudad, se los venden por 50 € cada uno.
Los campesinos juntaron todos sus ahorros y compraron los miles de monos que había en la gran jaula y esperaron el regreso del 'jefe'.
Desde ese día, no volvieron a ver ni al ayudante ni al jefe. Lo único que vieron fue la jaula llena de monos que compraron con sus ahorros de toda la vida.
Ahora ya tienen ustedes una noción bien clara de como funciona el Mercado de Valores y la Bolsa.
miércoles, 2 de julio de 2008
Relatos de juventud

La maciza mesa formaba un todo uniforme. El viejo mantel amarillo y blanco pendía de cada esquina con formas redondeadas y dobleces. Sobre él quedaban algunos restos de la comida: migajas de pan, tres servilletas en sus respectivas argollas amarilla, rosa y blanca, y otras cosas sin importancia.
Ahora en la sobremesa vendría el café, y tal vez algo de conversación, o solamente revolverían lentamente con las cucharas, evitando con movimientos pausados, el derrame de las tazas colmadas.
Seguramente los tres intercambiarían miradas de indiferencia, de lástima por una juventud perdida y una madurez aún más, y se sumergirían en los recuerdos de una guerra pasada, en los años difíciles del contrabando en los que se amasó una pequeña fortuna, en la clandestinidad, o simplemente en nada.
Más tarde la madre se levantaría a fregar la vajilla, mientras los otros, seguirían sumidos en sus pensamientos. Para Ivan aquel día lluvioso y gris las cosas no habían transcurrido como de costumbre, había algo raro en el ambiente. Permanecía ensimismado revolviendo lentamente la pequeña taza. Enfrente, su padre, intentando hacer algo sin conseguirlo. Desde la cocina se oía el tintinear suave y otras veces violento de la vajilla, que se confundía con el chorro de agua que caía sobre el fregadero.
Ivan tomó lentamente la taza, sorbió un trago de cortadito y volvió a depositarlo sobre el platillo. Por el pasillo se oyeron los pasos arrastrados de su madre que regresaba de la cocina. Supuso enseguida la escena que se avecinaba, la canción de todos los días, le recriminaría por volver a manchar el mantel: ¡Podrías tener un poco más de cuidado!. Iván callaría por respuesta.
Para evitar nuevas manchas la madre retiró el mantel, levantó la taza y volvió a ponerla sobre el hule multicolor que cubría la mesa. En ese movimiento Ivan creyó ver caer algo en el interior de la taza y preguntó:
- ¿Qué ha sido eso?,
- ¡De qué me hablas!, respondió cortantemente la madre.
No conforme, sondeó con la cucharilla el fondo de la tacita. Nada. Por fin se decidió acabar de otro sorbo el cortadito, y pudo comprobar que en el fondo de ella, quedaban restos de azúcar y una pepita de manzana que antes no estaba. Se sentía confuso, por su mente en segundos pasaron escenas de películas de espías e intriga, de envenenamientos, de las comidas del cuartel en período de instrucción militar a las que se sospechaba añadían algo para mantener a la tropa tranquila…
Rápidamente se levantó y dirigió sus pasos hacia la cocina. Necesitaba una explicación. Para él ninguno de los comentarios recibidos por parte de su madre eran convincentes: que si podía haber caído de un plato, de una manga a la que se hubiese adherido… Ella no disponía de más argumentos. Además empezaba a preocuparse por la actitud que mostraba su hijo, que muy alterado, exigía cuentas de algo tan banal. En un momento de la situación cometió el error de decirle a su hijo:
- ¡Fanático, eso es lo que eres!. No se puede juzgar a tu madre como lo estás haciendo por una tontería.
- ¡Y tú mentirosa!, le espetó Ivan.
Ella aún más inquieta comprobó que su hijo estaba colérico y su cuerpo en tensión. Temía que en cualquier momento iba a suceder algo desagradable, como así ocurrió. Su hijo iracundo se abalanzó sobre su diminuta y flácida figura, sintió como unos gruesos dedos apretaban su cuello y la asfixiaban. Tras un violento zarandeo su cuerpo, que en su juventud había sido de armoniosas líneas, caía sin fuerzas al suelo.
En su cuello rugoso quedaron las huellas del estrangulamiento; la cara inicialmente embotada de sangre dio paso a un color blanquecino; los ojos desaparecieron, huyeron, permaneciendo en blanco, desmesuradamente abiertos y hundidos.
Con la mirada fija en algo y de rodillas sobre el grasiento suelo de la cocina fue sorprendido por su madre:
- ¿Qué es lo que haces? ¡Imbécil! Levántate del suelo…
- Nada, buscaba…, balbuceo Ivan, que enseguida volvería a ser el estúpido y a la rutina de siempre.
martes, 24 de junio de 2008
sábado, 21 de junio de 2008
Bono contra los mayores

Así en papel, y también en imágenes repetidas hasta la saciedad en la alienante televisión autonómica, Bono aparecía “con todos”, entre otros: los pastores, los agricultores, las monjitas, los agentes medioambientales, los trabajadores sanitarios, las amas de casa, los que dejan la droga, los niños, la tercera edad, etc., etc. Todo un ejemplo de amabilidad, cercanía y simpatía en un animal político que ha procurado medir sus pasos, ávido de poder, algunas veces caprichoso, muy bien arropado, intransigente con sus contrincantes…, pero que tiene su larga carrera trufada de grandes patinazos, algunos cómicos e hilarantes, y otros más serios y “heroicos” como entregar medallas a cardenales defensores del franquismo o pasear fascistas por el paseo de la Castellana de Madrid.
El último que ha protagonizado hace unos días con motivo de una recepción en el Congreso de los Diputados a unos trescientos expresos republicanos y antifranquistas es triste y patético, impropio e indigno de un político de su supuesta ideología y posición. La condena tajante que hizo el Sr. Bono hacia uno de los presentes que exhibió la bandera tricolor y a los vítores a la República que ello propició ("Con la misma fuerza con la que estoy defendiendo lo que pienso, en esta casa son invitados del Congreso de los Diputados y de la legalidad, y la legalidad es la que marca la Constitución y no otra, y por tanto no puedo aceptar manifestaciones que no son legales en este momento"), es una incongruencia, una falta de respeto a la legalidad y un absoluto desprecio a los expresos y familiares allí invitados precisamente por su historia de lucha, dolor y sufrimiento, por defender la legalidad republicana y las libertades democráticas.
El Sr. Bono debería saber que exhibir la enseña republicana no es delito, y que además, la libertad ideológica y de expresión están amparadas por la Constitución, existiendo también una sentencia de la Sección Novena de la Sala de Lo Contencioso Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, de fecha 15 de diciembre de 2003, que desestima una resolución del Ayuntamiento de Torrelodones (Madrid), que ordenó retirar la enseña tricolor de un chiringuito montado durante las fiestas patronales de julio de 2002.
El tribunal estimó que la citada resolución municipal fue "contraria al ordenamiento jurídico, en cuanto vulnera los derechos fundamentales previstos en los artículos 16.1 y 20.1,a de la Constitución Española".
Si el viejo profesor Tierno Galván levantara la cabeza no le quedaría seguramente otra opción que echar pestes y avergonzarse del comportamiento de su entonces aventajado discípulo.
martes, 17 de junio de 2008
Viejos dinosaurios
A ellos les acuso, entre otras cosas, del trato mal educado y descortés recibido, de que me hayan ignorado como persona…
Mi desprecio más absoluto a este tipo de personajes, que además y de forma impune, se permiten la osadía de negar la asistencia médica a un paciente porque llega de otro servicio con un diagnostico que ellos estiman es de su exclusiva incumbencia. Me consta que fueron varias las solicitudes interconsulta cursadas por medicina interna y la intervención de gerencia, para que accedieran a citarme en el mes de julio próximo.
Al primero de ellos, el tal Esteve, le pusimos el mote de butanero repartidor, con todos los respetos hacia los trabajadores que distribuyen gas embotellado y que no tienen culpa de nada en esta triste historia.
Tras la salida de la UCI y estancia durante unos días en planta de medicina interna, se valoró la conveniencia de que pasara a la planta de cardiología, donde se me podría tener monitorizado y mejor controlado, cosa que así se hizo.
En la segunda mañana de ingreso en cardiología, a primera hora de la mañana, se presenta en la habitación un tipo desaliñado, mal encarado, sin bata y que blandiendo una especie de dossier, pregunta a voces a los dos pacientes y acompañantes que allí nos encontramos, qué quien es el enfermo de hematología. Algo desconcertado, contesto que soy yo. Entonces dirigiéndose a mí me pregunta qué hago en esa planta, qué quien me ha mandado a ella y por qué sugiere en su informe la implantación de un DIP –una especie de mecanismo para evitar las arritmias-. Ni yo ni Marga podemos dar crédito a lo que está sucediendo.
Un médico está pidiendo explicaciones a un paciente de cuestiones que este no tiene porque saber y mucho menos explicar. Marga un poco mosqueada le pregunta que quien es él, ya que en ningún momento se ha presentado. Saliéndole del alma, en un arrebato de altanería contesta, que el es el que reparte los aparatos, y con la misma se da media vuelta y se larga. Marga le sigue al pasillo y le pide una explicación de lo sucedido, a lo que contesta que lo siente mucho, pero el no tiene la culpa de que yo padezca un linfoma, que procedo de otro servicio con un diagnóstico ya cerrado y que el no tiene ninguna intención de seguir mi caso como así ocurre en días posteriores. Son los médicos internistas que me han seguido desde la salida de la UCI los que me atienden.
En esa misma mañana hablamos con todos los médicos conocidos que me han tratado en los diferentes servicios por los que he pasado, les contamos el desagradable incidente vivido, encontrando amparo en su actitud de escucha y explicaciones, que revelan que con este médico llueve sobre mojado, que hemos hecho bien en no callarnos y que gerencia, como así parece ser, intervendría en el asunto.
Al segundo de ellos, apellidado Vázquez y para mas inri, Jefe del Servicio de Cardiología del Hospital, le tengo que agradecer que durante los dos ecocardiogramas que me hizo en la UCI, ni me haya mirado a la cara, ni una palabra, ni un saludo ni despedida, nada de nada, yo para el no existía, era un fardo tirado en una cama.
Con esta última traca termino las entregas de estos días sobre la crisis de salud padecida, que dedico especialmente a los susodichos cardiólogos, que lamentablemente todavía ejercen en el sistema público de salud, que se creen dioses, una casta superior, y que en realidad son un desprestigio y una vergüenza para toda la clase médica y trabajadores hospitalarios.
Dudas e incertidumbres

Resulta que tras el diagnóstico inicial de las dos enfermedades, los médicos no se ponían de acuerdo sobre la conveniencia o no de iniciar el tratamiento de ambas patologías a la vez debido a su agresividad. Finalmente decidieron hacerlo, supongo que tras haber analizado los pros y contras, y consultarlo con otros centros. Así, en teoría, debería funcionar a mí entender el asunto, pero no lo sé. Si me trasmitieron las dudas iniciales que tenían, lo lógico hubiera sido también haber recibido una explicación del porqué de la decisión final y de los supuestos riesgos que entrañaba, como finalmente se ha demostrado ¿llegaron a evaluarlos?.
¿Habría ocurrido todo de igual manera si los médicos que ahora me atienden hubieran sido los mismos facultativos que prescribieron los tratamientos iniciales?. Creo que no. Aunque todo esté escrito, registrado y sustentado en pruebas contenidas en un expediente médico, la atención y seguimiento recibido se rompe y desaparece cuando su responsable se va y viene otro nuevo, por lo general, con distinto bagaje experimental. Haber pasado por la tutela, en poco más de siete meses, de cuatro hematólogos distintos y sin relación entre ellos me ha perjudicado.
Los episodios continuos padecidos de pérdida de defensas, durante la aplicación de las sesiones de quimio y su tratamiento mediante movilizadores de células madre ¿Podrían haberse producido de diferente forma y a distinta intensidad?
¿Se estimó el tremendo sobreesfuerzo y desgaste al que es sometido el organismo de forma continuada con la administración de fármacos generadores de neutrófilos?. Tengo serias dudas de que se haya hecho.
El primer ciclo y sesiones de quimio acabaron a finales del mes de enero. El control intermedio efectuado sobre la eficacia del tratamiento así como el final fueron alentadores, la enfermedad ha remitido y no quedan indicadores residuales. El linfoma está prácticamente curado aunque habrá que seguir con sesiones de recuerdo. Dos meses y medio después se presentan los primeros síntomas de lo que luego será la crisis cardiaca padecida. Tras pruebas y pruebas realizadas en los quince días anteriores al desenlace, nadie encuentra explicación. Bueno sí, estoy algo perturbado mentalmente.
En las numerosas pruebas previas que me hicieron deben existir parámetros, indicios y hasta evidencias que fueron pasadas por alto. La cardiopatía crónica o tardía está descrita en los libros de medicina y estudiada desde el año 1967. Es la de mayor importancia en cuanto a toxicidad en pacientes tratados con quimio, afectando a un 2% de los casos, y depende de la dosis acumulada de antraciclinas, siendo irreversible, caracterizándose por una pérdida progresiva de la función cardiaca, asfixia creciente hasta en situación de reposo y otros síntomas. Se afirma que la mejor manera de determinar el funcionamiento del corazón a efectos de recibir y de controlar el tratamiento es realizar una FEVI (fracción de eyección de ventrículo izquierdo). ¿Por qué no se me hizo esa prueba a mí?. Ahora me queda entrar en ese porcentaje importante de enfermos que mejora con la administración de medicación a base de digoxina y vasodilatadores, y reposo, mucho reposo y tranquilidad.
Ya no quiero seguirme haciendo más preguntas, que ante la falta de respuesta, amplían las incertidumbres y temores. Espero que con el paso de los meses recupere parte de las funciones del maltrecho corazón, las fuerzas que ahora me faltan, gane una batalla más y esté preparado para la siguiente. ¿O ya con esta se acabarán todas?
domingo, 8 de junio de 2008
El box nº 7
A ellas llegan los enfermos que presentan cuadros de enfermedad críticos: infartados, accidentados, terminales o con graves patologías que afectan a diferentes órganos vitales del cuerpo… Debido a estas particularidades son unidades de estancia corta o media.
Mi ingreso en la UCI y la estancia durante once días fue mi salvación y la vuelta a una vida que en días anteriores se había ido apagando lentamente. Lo experimenté como el retorno a la vida, aunque sólo al final tuve consciencia de la gravedad del asunto y de la dolencia que padecía. Hasta entonces el marrón se lo habían comido mi familia, los amigos y compañeros que durante esos días conocían la dimensión de la cardiopatía y habían estado pendientes de la evolución del caso.
La UCI del hospital de Talavera de la Reina creo que es de planta cuadrangular, con un control en el centro, boxes y salas de aislamiento ubicadas a su alrededor. Me colocaron en el box número siete, justo enfrente del control y un gran reloj, que fue mi salvación y me permitió llevar el control horario, aunque en los momentos de desorientación que tuve, me mosqueaba porque el minutero no avanzaba con la celeridad de un segundero inexistente. Del exterior ninguna referencia a si hacía sol o estaba nublado y llovía.
La estancia frente al control me permitió estar pendiente de los cambios de turno del personal sanitario, y parcialmente conocer, aunque hubiera preferido no oír nada, del estado y evolución de los pacientes más cercanos. A mi derecha una mujer mayor en estado de coma, a mi izquierda un anciano con la tráquea abierta y entubado. No hubiera querido saber nada tampoco del joven rumano que ingresó con una infección desconocida de la que tardaron días en saber su origen, que finalmente también conocí y prefiero no contar por desagradable.
Según pasaban los días preguntaba cuanto me quedaba de estancia, ya no quería estar más en un sitio así, dicen que el de mayor concentración de virus y bacterias por metro cúbico de aire. Pero aún así tengo que reconocer que el personal de estas unidades, desde los médicos hasta el último mono de la jerarquía sanitaria, está hecho de otra pasta, aunque existen excepciones en todos los sitios: el incompetente de nacimiento, el que se escaquea continuamente, el viejo dinosaurio que trata a los pacientes como objetos, pero en su consulta privada y al módico precio de ciento veinte euros los atiende con una delicadeza exquisita. El resto, que son mayoría afortunadamente, son gente joven y veterana, con experiencia, con una predisposición al servicio al paciente y empatía encomiables, simpáticos, cariñosos…
Hace meses echaba pestes y así lo denuncié del sistema sanitario existente, que creo da igual cómo se llame dependiendo de su gestión regional. Hoy no me queda más remedio que romper una lanza a favor de los profesionales de la UCI del hospital de Talavera, aunque en una próxima entrega me referiré al desagradable incidente que me tocó vivir, ya en planta, con un viejo dinosaurio de los que me refería anteriormente.
sábado, 7 de junio de 2008
Gracias, mil gracias

Yo nunca he sido proclive a este tipo de manifestaciones, que por lo general, y en el ámbito personal, han supuesto no acudir a hospitales, entierros, a visitar a enfermos, etc., por lo que siempre me han considerado como un bicho raro, descortés y maleducado. El último episodio de salud padecido me ha enseñado la importancia que tiene para un enfermo y su familia sentirse, en esos momentos delicados, arropados por la gente de tu alrededor, lo que supone una corriente de refuerzo y protección inestimable.
Quiero daros las gracias a todos los que desde el primer momento nos habéis llamado, enviado mensajes y visitado en el hospital; a los que me cogisteis la mano cuando estaba enchufado; gracias por los besos, abrazos, caricias que me regalasteis; a los ruidosos; a los que me habéis hecho reír con chascarrillos y majaderías; a los que me han obsequiado con libros y otros regalos… Gracias.
Quiero dar las gracias a los que sin hacerse presentes ni manifestarse, sé que han estado pendientes de mi estado y evolución, y desde su silencio, también me han deseado lo mejor.
A todos, próximos y lejanos, gracias, mil gracias, ya que vuestro apoyo nos ha ayudado a salir del agujero.
viernes, 6 de junio de 2008
Negro abril
Sin saber muy bien cómo ni porqué mi estado de saludo empezó a deteriorarse. Día a día me sentía cada vez más cansado y agotado, sin fuerzas, me costaba respirar, sentía ahogos hasta tal punto que me atemorizaba dormir por temor a no respirar…
En esas dos semanas fatídicas acudí en numerosas ocasiones al hospital. Me hicieron pruebas, analíticas…, todo estaba correcto, así que plantearon que mi estado podría estar causado por algún trastorno mental derivado del impacto de la quimio. Fui al psiquiatra que tras escucharme descartó que ese fuera el origen del problema. Mi estado de salud seguía empeorando. Mis seres queridos próximos pudieron comprobar en vivo y en directo que empezaba a ser otra persona, irascible, siempre acostada y que rehuía la compañía, que se empezaba a desfigurar inflándose como un botijo.
Finalmente para mi fortuna, porque hoy lo puedo contar, quedé ingresado en hematología el día 3 de mayo, y de ahí, de cabeza, debido al cuadro que presentaba, a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Muchas de las cosas ocurridas esos días, desde el ingreso en planta hasta la UCI, se han borrado de mi memoria, y poco a poco, según me las recuerdan las voy recuperando con pesar porque lo que salía por mi boca y mis actos, demuestran que había tirado la toalla.
El ingreso en la UCI fue un bofetón de vida. Recuerdo estar rodeado de mucha gente que no dejaba de hablarme y darme ánimos, de un fuerte pinchazo en la parte superior izquierda del pecho para instalar un catéter al corazón, y en pocos minutos, una sensación de alivio y sosiego. En dos días oriné diez litros que tenía retenidos en el organismo. El corazón, que siguió funcionando, a pesar de detectar el fallo renal, ya estaba dañado de forma irremediable, como consecuencia del sobreesfuerzo.
Durante buena parte de los once días de estancia en la unidad estuve conectado por cables y artilugios, a todo tipo de maquinaria que controlaba mis constantes vitales. Poco a poco me fueron informando de mi estado y de la lesión de corazón sufrida. Supe el diagnóstico: cardiopatía dilatadora asociada a un derrame pericárdico. Que el ventrículo izquierdo, encargado de bombear sangre, estaba seriamente dañado y mermado en más de un ochenta por ciento en su capacidad funcional, y que en lo sucesivo, mis hábitos de vida, ocupaciones y demás menesteres deberán sufrir un cambio radical.
Durante los ocho meses anteriores tuve que amoldarme al cambio de vida que supuso el tratamiento contra el linfoma y la hepatitis. Ahora nuevamente toca cambio, nuevo campo de batalla y renovada lucha. Tiene que ser así porque quiero seguir viviendo.
miércoles, 2 de abril de 2008
Árbol del Amor
Cuando planté el sauce a raíz desnuda era un fino palo del grosor de un puro habano y dos metros de altura. En cinco, seis años, creció espectacularmente a lo alto y a lo ancho. La copa sobresalía el tejado de la casa y desde la calle, a cierta distancia, se divisaba. Se hizo dueño y señor del jardín con sus ramas colgantes. Hubo que talarlo ya que en los días de aire, las ramas eran un peligro para el tejado, las ventanas… Tuvimos que cavar la peana para sacarla. La raíz central, a casi un metro de profundidad, seguía bajando y la dejamos por imposible. Desarrolló un sistema circular somero de raíces que se extendía por todo el terrero y buscaba salida en el desagüe del patio. Sembrar un árbol de ribera y ávido en humedad en un jardín fue un despropósito.
La mimosa tuvo un crecimiento más lento pero también vigoroso. Al menos dos años disfrutamos de la fragancia y colorido de su floración amarilla al final del invierno, de sus pequeñas y delicadas hojas… La poca distancia existente entre el árbol, dos paredes y sus cimientos, el exceso de humedad, impidieron un adecuado desarrollo radicular y debilitaron el tronco. Una mañana, tras una noche de rachas de fuerte viento, apareció tronchado. Los tensores que le sujetaban no sirvieron de nada. Segundo fracaso arbóreo.
La tercera desilusión temporal fue la del árbol del amor (Cercis siliquastrum). Lo sembré en un lugar con exceso de humedad. Prosperó a duras penas durante unos años en los que floreció y dio abundantes semillas en vainas colgantes, pero a pesar del arreón inicial se fue apagando y finalmente murió.
Desde hace años todos los restos vegetales del jardín y algunos orgánicos domésticos los compostamos amontonándolos toscamente. Las primeras parvas de compost así obtenidas, procedían de la siega del césped, muchas hojas, restos de poda de los árboles y enredadera, se repartieron y mezclaron con la tierra de los parterres laterales que mejoraron notablemente su fertilidad y estructura. En la primavera siguiente a esta primera operación de abonado, y en posteriores, germinaron multitud de semillas de Cercis, dando lugar a pequeñas plantas, cuatro de las cuáles son hoy ya árboles adultos de troncos rebeldes, irregulares y retorcidos, pero que con su abundante follaje de grandes hojas verdes acorazonadas, casi circulares, proporcionan una impagable sombra en los rigurosos meses veraniegos en los que se alcanzan temperaturas, muchos días exageradas y asfixiantes.
Finalizo el relato de hoy con la curiosa anécdota de que millones de árboles son plantados accidentalmente por ardillas que enterrándolas, esconden bayas y frutos secos.
jueves, 20 de marzo de 2008
Sentimiento agridulce

Ya conozco el plan de tratamiento para los próximos meses. Confirma que el proceso de ataque contra la enfermedad va a ser más largo de lo imaginado inicialmente y, al menos, a partir del momento, tendrá un año más de duración. Ahora, lo inmediato, conocer el estado de la médula, para lo cual me tendré que someter, como ya ocurriera en agosto del año pasado, a una punción y biopsia. A partir del mes de abril, si todo va bien, iniciaré las nuevas sesiones de quimio de recuerdo, menos agresivas que las anteriores y más distanciadas en el tiempo.
Sigo tremendamente limitado en gran parte de mis funciones vitales, lo que a veces, me solivianta y abate sicológicamente más de lo que debiera. Quiero que las cosas evolucionen con una rapidez seguramente fuera de la lógica de estos procesos. Me pierden las ansias y los deseos de recuperar una normalidad, que llegará, por lo que todos me dicen, en su momento. No tengo conciencia de que soy un enfermo convaleciente al que le queda recobrar las fuerzas perdidas tras una enfermedad, que en mi caso, no ha pasado, sino que está ahí, aunque sea en su fase residual.
Las últimas semanas también han coincidido con una pérdida anormal del apetito, asunto que está influyendo también en que la recuperación sea más lenta. Sigo con la prohibición de tomar frutas y hortalizas frescas con lo que me gustan, y muy pendiente de lo que ingiero, ya que las comidas pesadas o muy condimentadas, me castigan el estómago, ya de por sí debilitado por los meses de medicación. Sólo admito comidas muy ligeras casi frugales. Cuando comparto estas experiencias con otros pacientes del Hospital de día, habituales al igual que yo, a los tratamientos, analíticas y consultas, hay rutinas y consejos para todos los gustos.
Yo ahora soy lo que me dejan y puedo comer. Blandito como los yogures sin inquilino. Explosivo como los revueltos de huevo y jamón serrano. Contundente como la carne a la plancha vuelta y vuelta. Deseoso como los redescubiertos bocatas de sardinas en aceite o de atún con pimiento morrón. Irritable como el melocotón en conserva, con el que algún día tendré un incidente fatal. Tedioso como la tortilla francesa. Satisfecho como los platos de cualquier legumbre cocinada a fuego lento y con su correspondiente acompañamiento. Agradecido y respetuoso con el potaje garbanzos, atún y espinacas de hoy.
Hoy y ahora me siento tambien como la música del bandoneonista Astor Piazzolla.
77 aniversario proclamación de la República Española
Sábado 12 de abril de 2008. Bernuy (TOLEDO)13´00 h.: Conferencia sobre "Los maestros de la República", a cargo del historiador D. Rafael del Cerro Malagón.
15´00 h.: Degustación de un cocido republicano.
21´00 h.: Recital poético a cargo del grupo Ellas Cuentan titulado "Nos enterró el olvido: mujeres de la República".
Finalizamos con verbena popular.
martes, 26 de febrero de 2008
Carta de Holanda

Si te la encuentras en la calle frente a frente puedes imaginarte que es de cualquier otro sitio menos de Holanda. Pelo negro, ojos verdes, piel color aceituna, rasgos faciales indios… Nada que ver con el modelo de mujer holandesa con gorrito atado, falda de volantes, chalecos ajustados, trenzas, de las fotos de los molinos y de los quesos…
Me dice que al menos durante dos meses al año sigue haciendo viajes por todo el mundo acompañando a grupos. Últimamente ha estado en Estados Unidos, en Francia y en Fuerteventura. El resto del tiempo lo dedica a las mismas ocupaciones que siempre la han atraído: el arte, la pintura, la escultura, hacer muebles, los dibujos y los libros infantiles.
Me cuenta que ha trasladado su residencia al área de Groningen, al norte del país, donde en invierno debe hacer un frío del carajo. Antes cuando hablaba de ella contaba que vivía en una barcaza en un canal que se helaba en los meses crudos y en el que la gente patinaba. Ahora vive fuera de la ciudad, en una casa en el campo, donde tiene su taller, y que está muy contenta, porque diez minutos en bicicleta la separan del centro.
Cuando Marcos vio la postal que os acompaño y la carta, recordaba, que hace años pasó por casa, todavía teníamos el sauce en el patio y comimos paella y ensalada debajo de él, en un día caluroso de primavera avanzada del mes de mayo. Venía de Portugal, en un viejo camión de los años 60 que sonaba redondo, cargado de granito para sus esculturas. Las últimas que ha hecho son cuatro cabras –abstractas, según ella-, que están expuestas en las calles de Puerto del Rosario, la capital de la isla majorera.
A Bien la debo, y siempre se lo agradeceré, haberme enseñado un poquito de su país, la seductora Ámsterdam, la Venecia del norte, con sus canales, sus callejuelas, sus mercados, sus casas estrechas… Gracias.
viernes, 15 de febrero de 2008
De ranas, nata y mantequilla

Dice así: Había una vez dos ranas que cayeron en un recipiente de nata.Inmediatamente se dieron cuenta que se hundían: era imposible nadar o flotar demasiado tiempo en esa masa espesa como de arenas movedizas. Al principio, las dos ranas patalearon en la nata para llegar al borde del recipiente. Pero era inútil; sólo conseguían chapotear en el mismo lugar y hundirse. Sentían que cada vez era más difícil salir a la superficie y respirar.
Una de ellas dijo en voz alta: - No puedo más. Es imposible salir de aquí. En esta materia no se puede nadar. Ya que voy a morir, no veo por qué prolongar este sufrimiento. No entiendo qué sentido tiene morir agotada por un esfuerzo estéril.
Dicho esto, dejó de patear y se hundió con rapidez, siendo literalmente tragada por el espeso líquido blanco. La otra rana, más persistente o quizá más tozuda se dijo: - ¡No hay manera! Nada se puede hacer para avanzar en esta cosa. Sin embargo, aunque se acerque la muerte, prefiero luchar hasta mi último aliento. No quiero morir ni un segundo antes de que llegue mi hora.
Siguió pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar, sin avanzar ni un centímetro, durante horas y horas. De pronto, de tanto patalear y batir las ancas, agitar y remover, la nata se convirtió en mantequilla. Sorprendida, la rana dio un salto y, patinando, llegó hasta el borde del recipiente. Desde allí, pudo regresar a casa croando alegremente.
Apostasía
No hace muchos meses la Audiencia Nacional, en una sentencia pionera, ha reconocido el derecho de un ciudadano a que la Iglesia Católica no conserve registros sobre él si decide apostatar.
El tribunal resolvía así una controversia entre un apóstata y el Arzobispado de Valencia, que se negaba a rectificar su Libro de Bautismo alegando que no se trata de un fichero de datos y que sus asientos no implican la pertenencia actual a la Iglesia Católica. La sentencia califica de "claramente insatisfactoria" la contestación que dio el Arzobispado a la petición "tanto desde la perspectiva del respeto a su derecho fundamental a la protección de datos de carácter personal", como al de libertad religiosa.
El registro en el Libro de Bautismo constituye "al menos una apariencia" de pertenecer a la Iglesia Católica, por lo que el tribunal encuentra legítima la "inquietud" del particular para que haya constancia de su oposición a formar parte de la misma.
El tribunal, amparándose en la Ley Orgánica de Protección de Datos de Carácter Personal, confirma que los registros bautismales están sujetos a la legislación sobre protección de datos, tienen la consideración de fichero por recoger datos de carácter personal e implican pertenencia a la Iglesia, y que esta, si "permanece impasible ante una petición de puesta al día de la información contenida en el registro", infringe el principio de calidad del dato, es decir su veracidad actual.
martes, 12 de febrero de 2008
Otra vez ha pasado

Lo que inicialmente iba a ser un ingreso express se ha convertido en más de una semana con su fin incluido. El protocolo es el protocolo. Vuelvo a la famosa habitación de aislamiento inverso 347, con sus moscas petrificadas tras el cristal del halógeno, la misma telaraña colgandera y la música de mi ventana favorita, la ululante del Hospital Nuestra Señora del Prado. ¡Cómo tienes todo el tiempo del mundo, te vas fijando en esos detallitos!
Esta vez, el abatimiento, el cansancio, el decaimiento general… han sido mayores que en la ocasión anterior, pero no han venido acompañados de ninguna infección arrasadora como la que me dejó nariz de payaso, sólo algunas llagas en la lengua y en el cielo del paladar, que durante algunos días me han impedido masticar y he tenido que alimentarme con comida turmix, que no sabe como la otra, pero te trae recuerdos de las papillas de la infancia tuya y de tus hijos. En estos nimios detalles radica, por ejemplo, el inmenso valor de unas sencillas papas con huevos fritos.
Para combatir la neutropenia, aparte de las inyecciones, han empleado el sistema chuletón de Ávila, ¡oiga en su punto!, en forma de plaquetas y sangre.
Han tenido que aplicar triple suministro. El primero, íntegro, me han dicho, se fue directamente a sanear cuentas pendientes.
Quien me haya visto una semana antes a esta última crisis, dirá qué soy un exagerado, y como dice alguna juventud, que me pincho. Pues sí, me pincho sustancias que seguramente tienen sustituto natural con alcance probado, pero acalladas por los grandes intereses económicos de la muy poderosa industria multinacional farmacéutica. Inyecciones que por ahora me van sacando del pozo, aunque algunas, como las de generar defensas, son de efectos impredecibles. Te inyectas una, dos, tres, cuatro… seguidas, los niveles de neutrófilos no despegan. Póngase dos más, vuelves al recuento, ¡pero bueno si está por las nubes!. Eso –piensas-, quisiera yo, para poderle atizar bien al Episcopado desde arriba, desde los divinos cielos. Es inevitable que cuando se sube así de sopetón, la caída y batacazo posteriores, son sonoras. La contradicción existente entre la medicina natural y la farmacopea actual me trae a la memoria un proverbio chino que dice “que da igual que el gato sea blanco o negro, lo importante es que cace ratones”. Pues eso.






