Nunca discutas con un imbécil, te hará descender a su nivel y allí te ganará por experiencia

Si vienes con un problema y no traes la solución, tu eres parte del problema

jueves, 28 de mayo de 2009

Bruselas


He vuelto a la vieja y oficiosa capital comunitaria. No sé cuantas son ya las visitas efectuadas en los últimos años siempre por motivos de trabajo, pero invariablemente me parece la misma: Fea, gris, huidiza… Su elección capitalina se produjo debido a la tradición neutral de Bélgica en los diferentes conflictos europeos y a su ubicación geográfica cuando se puso en marcha esta historia interminable y fracasada de la Unión Europea. Fueron a elegir seguramente lo más viejo y rancio de las ciudades del norte. Lo siento por sus nativos a los que la medida les supuso una propaganda, reconocimiento y ventajas importantes, pero también alguna que otra molestia e inconveniente.

Es una ciudad cara, pequeña y probablemente manejable en su gestión y ordenamiento, pero donde casi todo el mundo está de paso y en una provisionalidad continua por aquello de ser sede de la maquinaria política, administrativa y económica de casi quinientos millones de almas y donde también tienen sus reales los militares de la OTAN. Gran parte de su cerca de millón de habitantes proceden de otros países y eso se nota en los rasgos de las gentes que encuentras en la calle, en los transportes, en los establecimientos públicos, en las instituciones.

Veinticuatro lenguas de veintisiete países, una muchedumbre de funcionarios, decenas de miles de plazas de hospedaje, tropeles de intérpretes y traductores; muchos y variopintos servicios de toda índole, taxis, viajes, cuatro países próximos a cerca de una hora de distancia, mejillones hervidos o en salsa, papas fritas, antigüedades, bombones y cervezas.

Desde el aire al llegar vemos el Atomium con sus esferas de acero conectadas por tubos, símbolo de la ciudad y de la exposición universal de 1958. Cerca de él la estructura ovalada del trágico estadio de Heysel. Esta vez las ocupaciones nos permiten visitar la monumental Gran Plaza, una de las más bellas por la riqueza de sus fachadas y sus construcciones medievales. Ahí está la placa que recuerda los ajusticiamientos practicados por los españoles en tiempos imperiales, en los que Flandes era una provincia de Carlos V. Nos perdemos por las callejuelas laterales, me duelen los pies.

Volvemos a nuestro hotel no muy lejos, caminando, comentamos los resultados de nuestro encuentro. La cosa ha ido bien. Una joven funcionaria argentina nos ha tratado amablemente y nos ha facilitado todo tipo de detalles, facilidades y colaboración en la tarea que perseguimos. La cosa tiene trabajo pero pinta bien. La humedad se hace pegajosa. Una ducha lo arregla. Son las siete de la tarde, me tumbo en la cama y me quedo transpuesto. Sueño con alguien que llama a su perro en la calle, con un coche que pasa con música árabe sonando muy alta, con estruendo de nubes… No, no, está lloviendo fuerte, hacía tiempo que no oía llover así de violento. El agua se cuela por las ventanas abiertas. Me levanto y las cierro.

Cuando escampa salimos a cenar. Vamos a un portugués, tomamos bacalao braseado. Nos enfrascamos en una conversación que nos lleva a un callejón sin salida, la misma situación en la que están muchos profesionales del campo cuya actividad atraviesa serias dificultades a las que no se les ve solución. Europa dicen ya no necesita agricultura. La sociedad bien manipulada no quiere más subsidios agrícolas. La agricultura es moneda de cambio. Nos van a meter en un buen lío: No puede haber campo, naturaleza, medio ambiente y vida en los pueblos, sin agricultores. Eso es lo que quieren estos ornitorrincos del libre comercio y del mercado, estos profetas de la globalización. La jugada les va a salir mal y expulsarán, como del paraíso, a mucha gente. Nos las van a hacer pasar canutas.

Ahora vienen elecciones europeas. A nadie le interesa Europa, pero ellos seguirán allí, erre que erre, decidiendo a nuestras espaldas, por nosotros, con una exigua representación obtenida tras una participación próxima al 50%. ¡Estarán contentos! Alemania la locomotora no quiere ya poner más pasta. Francia a por la heroica. A nosotros se nos arruga el morro de pensar que de receptores netos de fondos pasaremos a pagadores. Los nuevos se retuercen porque no les llegan las ayudas.

¡Menudo plan!, pero seguiremos yendo a Bruselas en busca de nada, a darnos una vuelta, a ver al niño meón y a filosofar por sus calles y restaurantes.

sábado, 23 de mayo de 2009

Hace un año


Hace aproximadamente un año celebraba mi onomástica ingresado en el hospital. Ha pasado ya uno entero, pero no ha sido uno más que se suele decir. Ha quedado atrás uno complicado, de lucha, de incertidumbres, de cambios y novedades, de luces y sombras…

Hoy las cosas son muy diferentes a entonces y se han abierto nuevas perspectivas. Esta experiencia vivida me ha cambiado la vida, nos ha cambiado a todos los cercanos… a mejor, aunque los tiempos pintan bastos y decir esto en estos momentos pueda resultar una chulería.

Somos mejores, hemos enriquecido personalmente. Tesón, apoyo, colaboración solidaria…, son actitudes que nos han aportado una nueva dimensión a las relaciones humanas y familiares, que han permitido mejorar un poco esta existencia sometida a continuos vaivenes y sobresaltos, a intermitentes alegrías salpicadas de algún que otro disgusto, a acontecimientos ajenos que no queremos oír ni que sucedan: “el hijo de fulanita y menganito ha tenido esta mañana un accidente de moto y está muy grave”.

Nos persigue siempre el riesgo del error y del accidente que mancha y tiñe de rojo los tranquilos y apacibles días deseados. ¿Tiene que ser así? ¿Siempre ha sido de esta manera?

Oigo en la radio una entrevista con una responsable de la Asociación Española de Afectados por Linfomas (AEAL), desconocía su existencia. Me capta la atención una palabra mágica: remisión, y el proyecto que pretenden desarrollar para ayudar a los pacientes y familiares a volver a la normalidad una vez que han terminado los tratamientos.

Lo he estado haciendo sin ayuda externa, sólo con la gente de rededor. Hace tiempo que me lo dijeron: “Está Vd. en remisión”. Me lo han vuelto a repetir no hace mucho: “Sigue Vd. en remisión”. La remisión de la enfermedad en términos médicos significa que las pruebas de control no detectan su presencia. Pero ¿por cuánto tiempo? Son muchas las preguntas que te surgen después de un largo período de lucha, de tratamiento y de sus malignas secuelas. ¿Cómo volver a la normalidad de la vida o a la vida normal si existe?; al trabajo ¿desempeñaré de igual forma las funciones que realizaba?

Afortunadamente no he anticipado respuestas a la espera de analizar la experiencia de la progresiva vuelta. Aún sabiendo las limitaciones existentes y que nunca alcanzaré la “normalidad” y “el pleno desempeño laboral” anterior, debo pensar en positivo.

Dicen los expertos que este tipo de reacciones son normales después de haber pasado por una dura experiencia como el cáncer, su tratamiento y, en mi caso, las secuelas cardiaca y neurológica. También que es normal que el proceso de ataque de la enfermedad genere emociones como el miedo, la incertidumbre, la ansiedad, la tristeza, junto a los efectos físicos de las terapias.

Durante la enfermedad y los tratamientos los enfermos ponemos en marcha todos nuestros recursos. Cuando se consiguen superar estos procesos, por lo general, pensamos en la experiencia vivida y sentimos miedo, miedo de lo pasado e incertidumbre de lo que nos deparará el futuro.

Es importante entonces recuperar el equilibrio emocional si se ha perdido o está deteriorado. Me aconsejan que exprese en voz alta mis sentimientos y pregunte todo aquello que me preocupa.

Las fuerzas después de un continuo y sorprendente período de recuperación empiezan a flaquear. La fatiga vuelve a hacer acto de presencia. Creo que tanto física como mentalmente necesito un período de adaptación más dilatado que las exigentes normas laborales oficiales y yo mismo hemos acortado. Necesito más tiempo pero no estoy dispuesto a renunciar a los pasos dados ya en materia de reincorporación laboral. Me ha picado el gusanillo.

¿Pero realmente lo que quiero es volver a la rutina perdida o aprovechar para iniciar y disfrutar de otro tipo de vida más responsable y saludable? Me quedo con lo último.


La vida es bella


Disfrútala mientras puedas, algunos consejos para mejorar

· Camina de 10 a 30 minutos todos los días. Sonríe.
· Siéntate en silencio por lo menos 10 minutos cada día. Enciérrate si es necesario.
· Escucha buena música todos los días, es un auténtico alimento para el espíritu.
· Al despertar en la mañana proponte una meta.
· Vive con las tres es: Energía, entusiasmo y empatía.
· Juega más juegos y lee más libros que el año pasado.
· Mira al cielo al menos una vez al día, date cuenta de la majestuosidad del mundo que te rodea.
· Sueña más mientras estás despierto.
· Come alimentos naturales, pequeñas bayas, frutos secos, té verde, mucha agua y una copa de vino al día (asegúrate de brindar con ella por algo hermoso y, a ser posible, hazlo en compañía de tus seres queridos).
· Trata de hacer reír a por lo menos tres personas cada día.
· Elimina el desorden de tus cosas.
· No gastes tu tiempo en chismes, cosas del pasado, pensamientos negativos…, invierte tu energía en lo positivo del presente.
· Date cuenta que la vida es una escuela y tú estás en ella para aprender. Los problemas que van y vienen son lecciones. Lo que aprendes de ellos es para toda la vida.
· Desayuna como rey, come como príncipe y cena como mendigo.
· No dejes pasar la oportunidad de abrazar a quien aprecias.
· La vida es muy corta como para desperdiciar el tiempo odiando a alguien.
· No te tomes a ti mismo tan en serio. Nadie más lo hace.
· No tienes que ganar cada discusión. Acepta que no estas de acuerdo y aprende del otro.
· Ponte en paz con tu pasado, así no arruinará tu presente.
· No compares tu vida con la de otros. No tienes idea del camino que ellos han andado en ella.
· Nadie está a cargo de tu felicidad excepto tu mismo.
· Recuerda que tú no tienes el control de todo lo que te sucede, pero sí de lo que haces con ello.
· Aprende algo nuevo cada día.
· Lo que la demás gente piense de ti no es de tu incumbencia.
· Aprecia tu cuerpo y disfrútalo.
· No importa que tan buena o mala sea la situación, ésta cambiará.
· Tu trabajo no se ocupará de ti cuando estés enfermo. Tus amigos sí lo harán. Mantente en contacto con ellos.
· Desecha cualquier cosa que no sea útil, bonita o divertida.
· La envidia es una pérdida de tiempo. Tú ya tienes todo lo que necesitas.
· Lo mejor está aún por venir.
· No importa cómo te sientas, levántate, vístete y asiste.
· Ten sexo siempre con plenitud de tu ser.
· Llama a tus familiares con frecuencia y mándales correos diciéndoles: ¡Hoy, estoy pensando en vosotros!
· Cada día al final de él, repasa lo hecho y felicítate por lo conseguido.
· Disfruta del viaje. Sólo tienes una oportunidad, sácale el mayor provecho.

lunes, 18 de mayo de 2009

San Isidro, patrón labriego


Voy a por el pan de cada día. La bandera nacional engalana el largo balcón consistorial. Luce así de forma espléndida la plaza constitucional para la ocasión isidril, patrón labriego celebrado a golpe de procesión, banda municipal y llamamiento eclesiástico. Esa Iglesia católica, inmensamente rica, que goza de exención fiscal y se va a gastar tres millones de euros de los contribuyentes en una campaña publicitaria para que en la declaración de la renta, se ponga la cruz en su casilla y también en la de otros fines sociales, con lo cual se lleva un pastón. ¡No pongáis cruz en ninguna de las dos casillas!

¡Que trabajen como todo hijo de vecino! Me dice un amigo que la profesión de cura es de las mejores, una especie de funcionario espiritual: ¡trabajan una hora al día y además con vino!. Bromas aparte están montaraces estos curas y jerarcas eclesiásticos, llaman a arrebato como si el mundo fuera a acabarse.

El amnésico y el olvidador


Hay una diferencia sustancial entre el amnésico y el olvidador, y entre éste y olvidadizo, que es apenas un precandidato a olvidador. El amnésico ha sufrido una amputación (a veces traumática) del pasado; el olvidador se lo amputa voluntariamente, como esos reclutas que se seccionan un dedo para ser eximidos del servicio militar. El olvidador no olvida porque sí, sino por algo, que puede ser culpa o disculpa, pretexto o mala conciencia, pero que siempre es evasión, huida, escape de la responsabilidad.

No obstante, el olvidador nunca logra su objetivo, que es encerrar el pasado (cual si se tratara de desechos nucleares) es un espacio inviolable. El pasado siempre encuentra un modo de abrir la tapa del cofre y asomar su rostro. El amnésico hace a menudo denodados esfuerzos para recuperar su pasado, y a veces lo consigue; el olvidador hace esfuerzos, igualmente denodados, por desprenderse de el mismo, pero sólo cosecha frustración, ya que nunca logra el pleno olvido. El pasado siempre alcanza a quien reniegan de él (así se trate del mismísimo Macbeth), ya sea infiltrándose en signos o en gestos, en canciones o en pesadillas. Los pueblos nunca son amnésicos. Amnistía no es amnesia. La tradición es un recurso de la memoria colectiva, pero también hay otros, menos inofensivos.
Tampoco los gobiernos son amnésicos aunque a veces intentan ser olvidadores. Curiosamente su forma de olvidar suele ser proselitista, ya que su objetivo es que los demás también olviden. Siempre es un mal síntoma cuando un gobernante intenta basar su poder en el olvido colectivo. Por lo general, es entonces cuando propone empezar desde cero, como si eso fuera posible. Lo cierto es que esa frase tiene para él un encanto particular. Hay que prohibirse mirar hacia atrás; hay que mirar siempre hacia adelante, no tener "ojos en la nuca".

Es obvio que se trata de una metáfora oficial, burocrática, pero en el subsuelo de cada metáfora siempre yace un sentido recóndito. El significado superficial es que no cultivemos el rencor ni la venganza. Bravo. El significado recóndito es que renunciemos a ser justos: que el sentido de la justicia desaparezca junto con los desaparecidos. De todo el legado de los Evangelios, sólo rescatan aquello de poner la otra mejilla, y en consecuencia preparan minuciosamente la segunda bofetada.

Sin embargo, ningún pueblo logra una verdadera paz si tiene un pasado pendiente. Los olvidadores también lo saben (¿quién puede no saberlo?) pero no les importa mucho, porque en el fondo no les importa la paz.
Mario Benedetti

jueves, 30 de abril de 2009

Verdades de perogrullo


“No es lo mismo levantarse a abrir la puerta de la calle que tocar al timbre”

Las salas de espera de los hospitales son una escuela de mundología. Te encuentras en ellas fauna variada, como por ejemplo el listo de turno, que no se corta, lo sabe todo y de todo sabe. Telepáticamente conoce en ese momento preciso los sanitarios que están tomando un cafecito; no le da yuyo afirmar que conoce a los muertos que resucitan; sabe de pe a pa la vida y milagros de la vecina (la sobrina de la Maxi), no Arantxa… ¡da lo mismo!; los médicos que están pasando consulta que cotorrea de carrerilla, de su trato agradable o áspero con los pacientes.

Ahora que estoy escribiendo me mira de reojo y habla más bajito con sus interlocutores que le siguen el rollo, no me quita ojo de encima. Para que se dé cuenta que me he percatado, me separo de él y me pongo unos cuantos asientos más allá. No quiero ser espiado.

Ya pasa bastante tiempo de la hora de citación, la consulta va con retraso. Es lo habitual. Espera. Hoy no me he traído lectura para que el tiempo pase antes y distraerme con el libro La forja de un rebelde del desconocido Arturo Barea, menudo descubrimiento barojiano.

Entre ráfaga y ráfaga pienso que le tengo que decir que las piernas me siguen molestando, neuropatía la llaman. Mientras, el pesado sigue erre que erre. Ahora está con las nuevas tecnologías y los ordenadores que conocen hasta las fiestas dándole a una tecla. ¡Jesús, Jesús!

Me estiro en el asiento, ya no sé cómo ponerme. Me viene ahora lo de la gripe porcina. La Organización Mundial de la Salud ha subido el nivel de alerta a grado 5. La cosa se pone seria. Según pasan los días se van confirmando casos y sospechas. En el mapa mundial de incidencia no hay datos de América del Sur, ni de África…Se me aparece el poderosísimo y maquiavélico ex Secretario de Defensa yanke Donald Rumsfeld y el medicamento antiviral Tamiflu. Otra vez la misma cantinela, iguales preguntas, las mismas dudas, los mismos cabrones de siempre manejando los hilos de todo, decidiendo por nosotros sin importarles un carajo nada, sólo sus negocios y sus cuentas.

Vuelvo a la sala donde si le dejaran al susodicho arreglaba la Sanidad en dos patadas, en un abrir y cerrar de ojos. Pasa un paciente que se parece al padre Llanos, el cura rojo del Pozo del Tío Raimundo. Ahora los curas hacen rifas para joyas de la virgen. Llaman a Ana, es su turno. Tiene la misma cara de enferma y cansada que mi madre, cuando el cáncer se la llevó. Luego llaman a Luis. Esto se anima.

Quedamos los últimos, como los de Filipinas. Una paciente, alentada por el cascante que sigue a su bola se anima y dice que a la próxima la esperen, que se va a venir comida. Nos quedamos solos. Da igual porque el hospital no cierra. Hace un año estaba aquí, pasando las de Caín, ingresado, aunque no me enteraba. ¡Cómo cambian las cosas! Ahora, dentro de dos días me caso. ¡Asco de hospital! Corriendo, a ver si llegamos, nos toca…

Siéntate hijo. El aburrimiento te hace hablar hasta con las paredes, golpear con las manos el aire, gesticular, hacer muecas. Si tuvieras frente a frente a alguien responsable de esto te lo comías. ¡Endocrino!, ¡internista de tres al cuarto! Lo dice la enfermera. Me da un desmayo. A mí no me metas en una cama. Si llego a traerme el bocadillo de jamón o unas almendras otro gallo me cantaba. Pasan las horas, las rutinas y todo se descabala si no sucede en su momento.

Rumsfeld látigo de Bush, invasor de Afganistán e Irak, señor de la guerra, resulta que también es mandamás de una multinacional farmacéutica. ¡Qué cosas! ¿Qué hora tienes? Me toca, nueva médica que no sabe, le explico: vuelvo a la quimio (el paciente cuenta a la médica), a las sesiones de recuerdo, una cada tres meses, durante dos años. Vuelvo a los chutes en vena de Rituximab, a las madrugadas del hospital de día, a ese olor vomitivo de la química recién manipulada, a las camillas, a las caras demacradas, a los pañuelos que cubren cráneos sin pelo, a los ojos hundidos. Vuelvo a la muerte que alumbra vida. Neuropatía. Neurópata. Eres y serás un damnificado quimioneuropatológico. ¡Chúpate esa!

Hoy ya acabo. Mañana cocidito para los colegas isleños, a fuego lento, con todos los aditamentos, con los tres vuelcos como mandan las buenas hechuras.

martes, 28 de abril de 2009

In memoriam Javier Ortiz


OBITUARIO escrito el 24 de enero de 2007


Falleció ayer de parada cardio-respiratoria el escritor y periodista Javier Ortiz. Es algo que él mismo, autor de estas líneas, sabía muy bien que sucedería, y que por eso pudo pronosticar, porque no hay nada más inevitable que morir de parada cardio-respiratoria. Si sigues respirando y el corazón te late, no te dan por muerto.
Así que en ésas estamos (bueno, él ya no).
Javier Ortiz fue el sexto hijo de una maestra de Irún, María Estévez Sáez, y de un gestor administrativo madrileño, José María Ortiz Crouselles. Sus abuelos fueron, respectivamente, un señor de Granada con aspecto de policía –lo que tal vez se justifique considerando el hecho de que era policía–, una señora muy agradable y culta con allure y apellido del Rosellón, un honrado y discreto carabinero orensano con habilidades de pendolista y una viuda de Haro casada en segundas nupcias con el recién mencionado, Javier Estévez Cartelle, del que se derivó el nombre de pila de nuestro recién difunto. Si algún interés tienen todos estos antecedentes, cosa que dista de estar clara, es el de demostrar que, en contra de lo que suele pretenderse, el cruce de razas no mejora el producto. (Obsérvese qué gran variedad de procedencias se puso en juego para acabar fabricando a un vasco calvo y bajito.)
La infancia de Javier Ortiz transcurrió en San Sebastián, ciudad que le venía muy a mano, porque nació allí. Se dedicó básicamente a mirar lo que había por sus cercanías, en particular el pecho de las señoras –ahora que ya está muerto podemos descubrir ese inocente secreto suyo–, y a estudiar cosas tan peregrinas como las ciudades costeras del Perú, de las que no logró olvidarse hasta su postrer respiro. Los jesuitas trataron de encauzarlo por el buen camino, pero él descubrió muy pronto que era comunista. Eso malogró del todo su carrera religiosa, ya de por sí poco prometedora, sobre todo desde que notó con desagrado el interés que algunos sacerdotes ponían en sus partes pudendas.
Su primer trabajo como escribidor, aparecido en una página del periódico del colegio, fue, curiosamente, una necrológica, con lo que cabría decir que su carrera como periodista ha resultado capicúa, singular circunstancia de la que muy pocos podrían presumir, aún en el improbable caso de que lo pretendieran.
A los 15 años, hastiado de las injusticias humanas –algunas de las cuales seguían teniendo como referencia obsesiva los pechos femeninos–, decidió hacerse marxista-leninista. Los años siguientes tuvo que emplearlos en averiguar qué era eso que acababa de hacerse, a lo que contribuyeron decisivamente algunos esforzados miembros de la Policía política franquista.
A partir de lo cual, se dedicó con gran entusiasmo a cultivar el noble género del panfleto. Sin parar. A diario. Año tras año. Fue cambiando de punto de residencia, no siempre por voluntad propia –ahí merecen especial mención sus estancias carcelarias y su exilio, primero en Burdeos, luego en París–, pero jamás varió su inquebrantable afán de agitador político, que él pretendía haber adquirido, por absurdo que parezca –y sea, de hecho–, en la lectura de Los documentos póstumos del Club Pickwick, de don Carlos Dickens, y de las Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Padarox, de don Pío Baroja.
Burdeos, París, Barcelona, Madrid, Bilbao, Aigües, Santander... Recorrió incontables sitios y holló innúmeros parajes sin parar de escribir, erre que erre. Zutik!, Servir al Pueblo, Saida, Liberación –y Mar, y Mediterranean Magazine– y El Mundo, y una docena de libros, y varias radios, y algunas televisiones... Por escribir, incluso escribió para otros y otras, ejerciendo de negro en momentos de particular penuria. También lo hizo a veces por amistad.
Movido por la lectura del Selecciones de Reader’s Digest y otras publicaciones estadounidenses tan aficionadas a ese género de operaciones, un día decidió calcular cuántos kilómetros cubrirían sus escritos, en el caso de colocarlos todos en una sola larguísima línea de cuerpo 12. El resultado de la estimación fue concluyente: ocuparían la tira.
En materia de amores (de la que sería injusto decir que careciera de alguna experiencia), también fue capicúa. Decía que las mejores mujeres, las más cariñosas y las más nobles con las que compartió sus días (sin desdeñar dogmáticamente a ninguna otra), le resultaron la primera y la última. Aunque la favorita le apareciera por medio: su hija Ane.
Y todo para acabar con algo tan vulgar como la muerte. Por parada cardio-respiratoria, como queda dicho. En fin, otro puesto de trabajo disponible. Algo es algo.
______
Javier Ortiz, escritor y columnista, nació en Donostia-San Sebastián el 24 de enero de 1948 y murió ayer en Aigües (Alicante), tras dejar escrito el presente obituario.

sábado, 25 de abril de 2009

Memoria irredenta del franquismo


La automitificada "transición" fue en verdad "transacción", bajo horcas caudinas o coacción de los franquistas pactantes con los demócratas (y, si no, no había democracia, partidos, elecciones libres). Tal semichantaje, con su lote de guetos y trágalas, habían de configurar a España como el único país de Europa, casi del mundo, con absoluta impunidad del fascismo. Nadie tendría responsabilidad por el mayor magnicidio de la historia celtíbera, el fusilamiento de la II República, ni por los crímenes y latrocinios de la dictadura, realizados por los socios y herederos españoles de Hitler y Mussolini. Y todo ese tinglado político incluía un monarca designado digitalmente por Franco, bajo curatela del Ejército del caudillo, ejército síndico del "atado y bien atado".

Algunos de estos polvos mantienen hasta hoy sus lodos, somos el único país europeo que no ha reconocido cabalmente a los "resistentes" o combatientes antifascistas, aquellos últimos soldados de la República que no se rindieron en 1.939, ejerciendo el sagrado derecho de resistencia armada a la tiranía. Tampoco se atreve nuestra democracia a testimoniar pleno agradecimiento a los militares que, desde la Unión Militar Democrática (UMD), pidieron el fin de la dictadura y se jugaron todo para quemar la pólvora golpista a sus compañeros más agrestes, dispuestos a impedir que llegase la democracia, y, si llegaba, a masacrarla, igual que habían hecho con la República.

Así, la democracia de que tanto alardeamos ha mantenido, treinta años rigiendo la Constitución, a más de cien mil españoles asesinados ferozmente y enterrados sin nombre por zanjas, pozos y barrancos, y aún no osa anular los aberrantes juicios sumarísimos del franquismo. Ni siquiera conocemos todo lo que pasó el 23-F, ni cuánto sabía de ello el rey. Y, mientras el hospital de la Seguridad Social de Burgos lleva el nombre de Yagüe, y Franco cabalga en la capitanía general de Valencia, con su escudo fascista presidiendo la puerta principal, no hay una calle ni costanilla en Valencia a nombre del valenciano General Vicente Rojo, ni han devuelto al pueblo toledano "Azaña" su nombre de siglos que le robaron en 1.936 sustituyéndolo por el del regimiento que lo "conquistó" para Franco. ¿A esto llaman "reconciliación n"? ¿A este seguir pagando hipotecas que impuso el franquismo? ¿Hasta cuándo?

José Luis Pitarch, fundador de la UMD y Profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Valencia

domingo, 12 de abril de 2009

Semana Santa, farsa y tradición

Villanueva de la Vera (Cáceres). Un judío perseguido que vivía en la sierra, un ladrón, bandolero, violador, un cobrador de impuestos…, muchos son los orígenes que se le atribuyen al personaje de Pero Palo para un único destino: ajusticiado ante el clamor y deleite popular.

La farsa de la semana santa ha llegado a su fin. Atrás quedan ritos, pasos, procesiones y celebraciones, realizadas según manda la tradición católica. Atrás quedan también otras costumbres arraigadas en el acervo cultural de gentes y pueblos, paralelas a las celebraciones religiosas, pero que poco o nada tienen que ver con lo que se podría llamar la esencia cristiana.

La semana santa tiene mucho que ver con un tipo de folclore rancio, con ese gusto y regocijo por la tragedia, por el dolor y el sufrimiento ajeno. También con una actitud pasajera de penitencia y remordimiento por las faltas y malas obras cometidas durante el transcurso del año, de circunstancial arrepentimiento, de golpes de pecho, de emocionadas y falsas lágrimas y sentimientos, de flagelaciones…

Pura hipocresía y pantomima que este Estado descompuesto también secunda, alienta y arropa a pesar de que en su Constitución se dice que ninguna confesión tendrá carácter estatal. Año tras año somos testigos de como una caterva de electos representantes políticos (sobretodo alcaldes y concejales), delegados de todos, creyentes y no creyentes, marchan en procesión tras los jerarcas eclesiásticos. Que participen en actos religiosos es cosa personal. Que lo hagan a título individual, no en representación de ayuntamientos u otras instituciones.

No le van a la zaga las llamadas fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, que tienen encomendada la misión constitucional de garantizar la soberanía e independencia del país, defender la integridad territorial y el ordenamiento constitucional, que con sus marchas castrenses, trompetas y tambores participan activamente en el tinglado de algunas procesiones.

A los que no profesamos la religión católica, ni ninguna otra confesión –dentro de los que me encuentro-, esta comedia religiosa que en estos días tiene su máxima expresión y es secundada por gran parte de la clase política, nos produce indignación y reprobación. Durante todo el año ya somos testigos de cómo se cumple la laicidad constitucional y cómo los nombres de santos y crucifijos están en los centros educativos, cómo el rito católico preside los funerales de Estado, juramentos y tomas de posesión, etc.

Me quedo en estas fechas con los días de asueto, las torrijas, la leche frita y los pedos de monja. Amén.

jueves, 2 de abril de 2009

La pobreza en España


Circula en Internet una especie de alegato –también lo he visto en versión peruana y argentina-, que niega la existencia de pobreza en España. Para ello su autor anónimo, compara la situación de los españoles de a pié con los del Estado de Florida en los EE.UU., supongo que igualmente encuadrados en la categoría de pinrel.

El incógnito se sorprende que osemos llamarnos pobres en España cuando pagamos por la gasolina, por ejemplo, tres veces más su valor que en su país, asunto que dice ocurre de la misma forma con las comisiones bancarias o las de la tarjetas de crédito o nos permitimos el “lujo” de soportar tarifas eléctricas y telefónicas (fijas o móviles) un 80% más elevadas.

Para darnos envidia o quizás provocarnos algo de coraje afirma que en su Florida si que son pobres de verdad, tanto, que el gobierno federal, teniendo en cuenta su precaria situación económica sólo aplica un IVA del 6%, no como aquí del 16%.

Continúa indicando que somos ricos porque pagamos impuestos que gravan hasta en un 320% el valor original de algunos artículos “de lujo” como la gasolina, el gas, el alcohol, el tabaco, la cerveza, el vino, etc. Y si esto no fuera poco, cotizamos por el rendimiento del trabajo (IRPF) –he sabido que este impuesto, aparte de personal, es de los llamados directos y subjetivos-; por los vehículos nuevos; por el patrimonio; por circular en coche; pagamos los préstamos al consumo a intereses elevados frente a sus tasas más bajas, etc.

El goteo de datos y comparaciones sigue con la finalidad de demostrar que los pobres son ellos y nosotros nadamos en la abundancia, para concluir diciendo, que ser rico es tener en un país tan pequeño, 86.000 concejales, casi 9.000 alcaldes, 17 presidentes autonómicos, 1.600 parlamentarios regionales, 350 diputados nacionales, 300 senadores, 200 eurodiputados, una Casa Real, 20 ministros y no sé cuantos funcionarios (esto último lo digo yo porque la cifra da espanto).

En algunas de las cosas relatadas no le falta razón a este “gallego” emigrante, pero hay que reconocer que el asunto tiene su enjundia y no se puede despachar así de sencillo recurriendo a simples argumentos y comparaciones demagógicas o al fútil enfrentamiento entre supuestos ricos y pobres del llamado eufemísticamente primer mundo.

Vayamos por partes y desmontando algunas falsedades. El Estado de Florida en los pasmosos y distantes EE.UU., al otro lado del charco, es más o menos en territorio una tercera parte de la superficie de nuestro solar, o sea, un buen pedazo de tierra, habitado por más de 18 millones de personas y una densidad de 107 habitantes por km2, cifra que no está mal. Su economía se basa principalmente en el turismo atraído por un clima benigno y sus numerosas playas. Es importante la industria agroalimentaria (zumos cítricos), la minería de los fosfatos, la aeroespacial y la militar. Estas dos últimas gracias a la instalación en la segunda mitad del siglo pasado del Centro Espacial Cabo Cañaveral. El Estado recauda gran cantidad de impuestos sobre las ventas, lo que permite que Florida no tenga impuesto sobre la renta, ni tampoco, al igual que otros estados, impuestos locales. Vamos unos pobrecitos.

Siguiente inexactitud, el IVA. Los yakees no tienen un sistema fiscal equivalente al IVA. Como ya queda dicho, su lugar lo ocupan los impuestos sobre las ventas que son regulados y administrados autónomamente por el estado o la ciudad de que se trate. Impuestos haberlos los hay, aunque de otro tipo.

Otra falacia. ¿Somos ricos económicamente en España? Hay unos pocos, ricos y poderosos. Hay cada vez mas personas viviendo por debajo del llamado umbral de la pobreza, y cada vez más gente en serios aprietos y dificultades. No me invento nada, según datos oficiales, somos junto a Grecia y Portugal los países de la UE con mayores índices de pobreza. En España unos 9 millones de personas (casi el 20% de la población – 2.432.000 hogares) viven en alguna de las calificaciones admitidas de pobreza (entre moderada –menos de 6.860€ de ingresos anuales-, y extrema -3.219€ de ingresos anuales-). Más de 500.000 personas son pobres extremos.

La pobreza son penurias y dificultades acumuladas: infravivienda, paro, analfabetismo, enfermedades, exclusiones… La pobreza está presente en todo el territorio, pero sobretodo localizada en las grandes zonas urbanas. Y para acabar esta vergüenza: 1,7 millones de menores están en situación de riesgo, siendo los hijos de inmigrantes los más afectados. ¿Podemos seguir negando todavía que seamos pobres?

Última traca. Según el economista Juan López Torres, hoy hay más pobres en España y en Europa (más de 60 millones), más trabajadores en precario, déficit muy grandes en salud, enseñanza, investigación e innovación, igualdad y conciliación, en gestión medioambiental y desarrollo de nuevas fuentes energéticas, en cooperación internacional, en integración cultural, menos crecimiento de la economía, pero las empresas siguen acumulando beneficios, que no se destinan a inversiones productivas o a crear más empleo, sino a la especulación que nos ha llevado a padecer una crisis de dimensiones globales: ¡El capitalismo especulativo se come al capitalismo!

En todos esos campos la actividad podría ser fuente intensiva de cientos de miles de empleos. Claro que fomentar esa actividad requeriría apoyar a nuevas empresas, a nuevos intereses económicos y, sobre todo, ir cerrando el paso a las que ahora dominan los mercados europeos en torno a un modo de producir y distribuir los recursos despilfarrador e insostenible, pero muy rentable.


lunes, 30 de marzo de 2009

Mosquito

Mosquito, ilustración de Roger Olmos



Margarita del Mazo



Es el título del primer libro de cuentos de Margarita del Mazo. En él nos narra la historia de un –y a la imagen me remito-, feo y desagradable insecto chupador, que va por el mundo degustando y olfateando sabores y aromas, como si se tratara de un exquisito catador.

Nuestra amiga y entrañable Marga, que ahora se estrena como escritora, gusta merodear desde hace años por este mundillo de los libros y las librerías, las historias y los relatos, su escenificación -la “contada”- ante gentes variopintas. El mérito de saber comunicar y llegar al público captando su atención, estimulando sus emociones, es un trabajo de aprendizaje, de práctica, de mejora, de autocontrol, y un reto continuo de superación.

Por propia diversión empezó contando cuentos para niños y así quedó prendada y nos arrastró a todos –chicos y grandes-, a un mundo de sueños, ilusiones, a veces intrigas, aventuras, diversión, suspense, tal vez miedo, risas, sobresalto…, ¡quién sabe qué sorpresas nuevas nos tiene preparadas!

Marga dice que siempre se ha sentido afortunada por la gente que ha encontrado en el camino. Y prueba de su gran corazón, su mejor carta de presentación, es que desde el principio da las gracias: A los que se ha ido encontrando (¡Hola! ¿Qué tal estás?); a los que se han colado en su vida (¡qué gran fortuna!); a los que le han permitido formar parte de la suya (¡faltaba más!); a los que han pasado y se han quedado (¡no saben nada!); incluso a los que han pasado de largo sin más (¡allá ellos!), porque piensa que sin la gente y su apoyo, sin su mirada -unas veces condescendiente, otras crítica, también tierna-, no habría llegado al lugar donde está.

Ella sabe que aún le queda mucho por recorrer y contar, que sólo acaba de empezar, porque este Mosquito, malo, malísimo, medio insecto, medio máquina, de mandíbulas de acero y gordinflón, peludo y patilargo (¡ya podrás con el pobre bicho!) que empieza a darnos la tabarra con su incesante y agudo zumbido Bzz Bzz Bzz, es sólo el principio de otras historias que nos sorprenderán y harán pasar mejores ratos.

Mosquito está ilustrado por el dibujante catalán Roger Olmos y publicado por OQO ediciones. Se presenta en sociedad el sábado 25 de abril a las 19´00 horas en la Librería Muga de Madrid

¡Enhorabuena Marga!

viernes, 27 de marzo de 2009

La crisis según Albert Einstein


No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo.

La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias.
Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar superado. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y sus penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones.

La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El problema de las personas y los países es la pereza para encontrar salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía.

Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque en crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo.

En vez de esto trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla.

Albert Einstein



jueves, 26 de marzo de 2009

Mitos y verdades en el consumo de frutas y hortalizas


La cada vez mayor preocupación por la salud y el culto al cuerpo hace que en muchas ocasiones, nos dejemos guiar por consejos de terceros que en algunos casos nos resultan de gran utilidad, pero que en otros, están plagados de falsedades.

Y es que muchos de los hábitos alimenticios que tenemos proceden de la tradición oral trasmitida en forma de consejos que han ido pasando de generación en generación o como recomendaciones de supuestos expertos nutricionistas. En gran parte de los casos esta información que recibimos carece de base científica o procede de fuentes poco fiables, por lo que es importante poner al descubierto estos mitos que condicionan nuestros hábitos alimenticios.

“La fruta como postre engorda”

No existe ninguna razón científica que sustente esta afirmación. Por el contrario, sí es cierto, que si una persona toma una o dos raciones de fruta antes de la comida, tenderá a comer menos después. De ahí a afirmar que engorda hay mucho camino que algunos se han encargado de recorrer.

“Las frutas ácidas adelgazan”

Premisa a tener en cuenta con todos los alimentos: ninguno engorda y tampoco los hay que adelgacen. Es una cuestión de equilibrio: lo ingerido y lo gastado. Es cierto que existen alimentos muy ricos en energía y otros no, en este último están todas las frutas, que aunque las haya más o menos dulces o ácidas, son muy bajas en calorías, y para perder peso y estar sanos…valen las dos.

“Las fresas son afrodisíacas”

Su forma, color, brillo, textura, momentos asociados, en fin… muchas razones podrían avalar esta afirmación… pero la ciencia, de momento, no ha encontrado ninguna asociación con esta aseveración.

“Las naranjas, zanahorias y melocotones son alimentos bronceadores”

No es una casualidad que todos sean de color anaranjado… En efecto, su color se debe a los betacarotenos, una familia de compuestos activos con gran poder antioxidante, que no broncean…, pero sí protegen las células de la piel de las dañinas radiaciones solares. Por eso, no sólo hay que tomar frutas coloreadas para proteger nuestra piel, sino que además, debemos tomar otras medidas físicas.

“La sandía y el melón son desaconsejable para los diabéticos”

La diabetes responde a la alteración de los niveles de azúcar (glucosa) en sangre, y por lo tanto, deben controlarse las cantidades y los tipos de alimentos que contengan hidratos de carbono (pan, pasta, arroz, patatas, frutas, bebidas, etc.), ya que pueden acarrear subidas importantes de la glucemia (nivel de glucosa en sangre) y tener efectos negativos. Es cierto que las frutas tienen azúcar, pero en su mayoría, en forma de fructosa que no tiene un efecto tan directo sobre la glucemia. A tener en cuenta que más importante que la variedad de fruta (podrían incluirse otras, como los higos, el plátano o las uvas), es la cantidad que se tome y el momento en el que se ingieran.

Es recomendable tomar al menos tres raciones de frutas al día, o variadas, o en porciones de tamaño medio o pequeño, de postre o acompañando a otros alimentos, y mejor enteras que en zumos.

“Comer la fruta con piel es más nutritivo”

Una parte de la fibra y muchas sustancias activas se encuentran en mayor proporción en la piel de las frutas, especialmente las que tienen colores vivos, pero también están en la pulpa. Por ejemplo, la piel de la naranja es muy rica en vitamina C y aceites esenciales, pero la pulpa es más rica. Otras como la manzana o las ciruelas pierden parte de sus propiedades al pelarlas, pero en su interior aún contienen importantísimas cantidades de nutrientes. Por eso, con piel o sin piel, pero fruta cada día.

Es muy importante que si se prefiere comer la fruta con piel, se lave adecuadamente para eliminar restos de sustancias diversas.

“Las verduras pierden sus propiedades si se congelan”

Comer verduras congeladas es una buena forma de tomar verduras de “temporada”. La congelación requiere un escaldado previo que elimina las sustancias que pueden afectar negativamente a las verduras durante la congelación. Es cierto que su textura y color se ven afectadas, pero no así su valor nutritivo que se mantiene prácticamente igual a las frescas.

“Las hortalizas crudas tienen más propiedades que las cocinadas”

De la amplia cantidad de sustancias presentes en las hortalizas, algunas de ellas son sensibles a las altas temperaturas, como la vitamina C, que se pierde casi en su totalidad. Sin embargo, muchas otras, como el licopeno, potente antioxidante presente en los vegetales rojos, aumenta su capacidad de ser absorbido cuando hacemos un sofrito, salteado o salsa.

No debemos olvidar que las verduras y hortalizas cocinadas se digieren mucho mejor que las crudas. Las verduras y hortalizas hervidas pierden parte de sus nutrientes en el agua de cocción, por lo que es muy importante adecuar la cantidad de agua o hacer cocciones al vapor.

“Las verduras pueden perder sus propiedades si las cueces más de la cuenta”

Así es, algunas vitaminas son sensibles al calor como la C, la niacina o el ácido fólico, por lo que las cocciones prolongadas reducen considerablemente su contenido.

“Comer melón por la noche resulta indigesto"
La afirmación viene avalada, incluso, por el refranero popular: el melón por la mañana oro, por la tarde plata y por la noche mata.

Seguro que quien lo dijo pasó una mala noche. En estos casos debemos considerar la tolerancia individual a los alimentos y no hacer caso de lo que puede “sentar mal” a otros. Pero sí es cierto que el melón y la sandía son frutas muy ricas en agua que “cuando se toman en exceso y en una sola toma” pueden diluir el ácido del estómago y dificultar la digestión.

Tomado de 5 al día




domingo, 22 de marzo de 2009

El triple filtro de Sócrates


Sócrates, Atenas (470 a.C. – 399 a.C.), uno de los más grandes filósofos griegos, fue famoso por su sabiduría y por el gran respeto que profesaba a todos.

Un día un conocido le preguntó:

-¿Sabes lo que escuché acerca de tu amigo?

- Espera un momento, antes de decirme nada, quisiera que pasaras un pequeño examen, yo lo llamo el del triple filtro, -contestó Sócrates.

- ¿Triple filtro?, preguntó el interlocutor.

- Correcto –continuó Sócrates-, antes de que me hables sobre mi amigo, puede ser una buena idea filtrar tres veces lo que vas a decir, por eso lo llamo examen del triple filtro. El primer filtro es la verdad ¿estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?

- No -dijo el hombre-, realmente sólo escuché sobre eso y…

- Bien –dijo Sócrates-, entonces realmente no sabes si es cierto o no.

Siguió Sócrates:

- Ahora permíteme aplicar el segundo filtro, el de la bondad, ¿es algo bueno lo que vas a decirme de mi amigo?

- No, por el contrario…

- Entonces deseas decirme algo malo de él, pero no estás seguro que sea cierto. Pero aún podría escucharlo porque queda el filtro de la utilidad. ¿Me servirá de algo saber lo que vas a decirme de mi amigo?

- No la verdad es que no.

- Bien –concluyó Sócrates-, si lo que deseas decirme no es cierto, ni bueno ni útil ¿para qué quiero saberlo?

Posdata: ¿Si usáramos este triple filtro en nuestras relaciones y cada vez que escuchamos comentarios sobre alguna amistad o seres queridos evitaríamos así malos entendidos o comentarios sin fundamento? ¿Preservaríamos la amistad?

Más sobre Sócrates en http://es.wikipedia.org/wiki/Socrates

domingo, 15 de marzo de 2009

La loca


Una vez escuché un cuento, de esos que se van desparramando por la geografía del planeta y andan de un lado para otro sin irse, nunca, de ninguna parte. Tal vez el tiempo y el pasar de boca en boca hayan desdibujado su forma, pero la esencia ha quedado y estará allí, siempre, porque es un cuento demasiado canto como para desaparecer o desdibujarse por más que el hombre meta mano en él.

Habla de una mujer muy hermosa enamorada, perdidamente, de un caminante que un día acertó a pasar por su poblado y que enloqueció de amor cuando el hombre reanudó su peregrinar en busca de un destino que nadie conoció. Allí quedó la loca mendigando un pan, de puerta en puerta, hablando en un lenguaje incoherente y riendo, a veces, quién sabe si por un recuerdo bello o por algún dolor. El cuento dice que una noche la loca sintió que iba a ser madre. Estaba sola, en una cueva del cerro donde habitaba rodeada de perros y de sacos. Había una luna grande y la loca mirándola le dijo:

- "Mamá luna, dame un hijo que no muera nunca."

Y la luna, que también es mujer, la escuchó pero no le dio una guagua, la leyenda dice que esa noche la loca parió un canto y que es por esa razón que el canto del pueblo no va a morir jamás.

sábado, 14 de marzo de 2009

Por la lectura


Por José Luís Sampedro, escritor, economista y filósofo.

Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su biblioteca circulante. Era suya porque la había creado él solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres de alumnos. Sus “clientes” éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres a quienes sólo cobraba cincuenta céntimos al mes por prestar a cada cual un libro a la semana. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl May.

Muchos años después hice una visita a una bibliotequita de un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada, pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos. Al principio las madres acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería. Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento que estaban leyendo. Durante la espera, las madres curioseaban, cogían algún libro, lo hojeaban y a veces también ellas quedaban prendadas. Tiempo después me enteré de que la experiencia había dado sus frutos: algunas lectoras eran mujeres que nunca habían leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos. Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia. La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas esperas y angustias tanto de familiares como de los propios enfermos, fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la administración intentando convencer a burócratas y médicos no siempre abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favor del libro.

Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario, al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir -eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo. Me quedo confuso y no entiendo nada. En la vida corriente, el que paga una suma es porque:

a) obtiene algo a cambio.
b) es objeto de una sanción.

Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura?

Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación? ¿Acaso dejaron de cobrar por el libro? ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas? ¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos? Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil. Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra.

Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses de autor cargándose a las bibliotecas. He firmado en contra de esa medida en diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña. ¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS!

http://www.noalprestamodepago.org/

viernes, 13 de marzo de 2009

¿De qué puedo escribir hoy?


La verdad es que de cualquier cosa… El asunto es proponérselo y manos a la obra. Llevo ya algunos días vagueando en lo que respecta a nuevas entradas en el blog, pero no estoy inactivo, ya que cada vez ocupo mayor tiempo de los días en quehaceres múltiples.

Sigo con mi programa de recuperación física y las sesiones semanales de natación y fisioterapia. Al principio -hace unos seis meses-, hacerme un largo de 25 metros era tarea dificultosa, ahora ya voy por los 30 (750 metros), en alrededor de 20 minutos, y parece que el cuerpo me pide más. Poco a poco. Algunos días salgo de la piscina mareado del relativo esfuerzo realizado. La ducha posterior me reconforta y durante algunas horas estoy como subido en una nube, en una situación placentera de relajación, que para mí la quisiera en el resto de la jornada.

Los días ya empiezan a alargarse, me gusta madrugar, en cuanto clarea me tiro de la cama. El buen tiempo que se ha instalado prematuramente en este fin del invierno te invita a la actividad, que si las plantas, que si el césped, que si un lavado de cara al patio, que si el huerto… Que alegría poder volver a sembrar, labrar, ver como crecen las habas, los ajos, los cebollinos, como las plántulas de lechuga y repollo aguantan el trasplante y pasan unos días críticos hasta que enraízan. Cómo los árboles inician un nuevo ciclo con el estallido de yemas y flores. Como verdean intensamente las cosechas y forrajes, como se va llenando el campo de colorido.

Tampoco descuido mi pelea contra la injusticia y la maraña burocrática de las administraciones, para los que somos simples números, cifras, expedientes anónimos. Reclamo la alta médica por considerarla indebida y precipitada, aún a pesar de haber agotado el plazo máximo de incapacidad temporal prevista por ley. ¡Cómo nos la han colocado los sindicatos aceptando esta modificación! Preveo como contestación el silencio y ya veré si luego me meto en pleitos con la Seguridad Social. Sigo con la batalla del timo y fraude continuo del ADSL de Telefónica. Expectante ante el recurso contra la Comunidad de Madrid por su voracidad recaudatoria.

Voy retomando los asuntos laborales con una perspectiva nueva. Desde mi casa me mantengo activo, empiezo a hacer pequeños viajes, a asistir a reuniones, a retomar contactos, poco a poco me voy subiendo a ese tren que siempre pasa. ¡Es el llamado tele trabajo!, y también la existencia de empresas socialmente responsables que te lo permiten. Otro gallo me cantaría si tuviera que trabajar en una cadena de montaje. ¡Sus muertos!

Los días se suceden, vas saliendo, encontrándote mejor y con más fuerzas. Pero a tu alrededor todo empeora, la gente está desarbolada, hundida, sin argumentos. ¡Qué peligro! No hay conciencia de que lo que tenemos encima es la gran cagada que ha generado el obsoleto sistema capitalista. Los bancos se llevan el dinero, -dicen- para sanear sus cuentas. A los de a pié, ni un duro, no hay crédito ni para familias, ni para negocios, ni para empresas en dificultades. ¿Quieren asfixiarnos?

No van a poder con nosotros, no nos van a arruinar más las vidas… Saldremos del olvido al que nos quieren llevar. Yo por de pronto sigo con los preparativos de la celebración múltiple con la que nos vamos a regalar familia, amigos y compañeros, por estar vivos, por seguir ahí, por aguantar, por querernos y porque nos da la gana.

sábado, 21 de febrero de 2009

¿Derechos sociales?


Las cosas últimamente en el ámbito personal se suceden con una rapidez endiablada. Cuando percibes que te has equivocado, ya la has cagado, ya no hay vuelta atrás. Sólo te queda esperar la reacción de los demás a tu acción descaminada en forma de abierta discrepancia, que la más de las veces es inmediata, o si no prepárate, en pocos días te llega por escrito, en forma de llamada telefónica o por correo electrónico. En esos momentos y, dependiendo del asunto, te mantienes tozudamente en tus trece o rectificas y corriges rumbo, no hay más alternativas.

No sólo estás así tu, la mayor parte de la gente está al zape. Esto está bien, demuestra que estamos despiertos, expectantes a los acontecimientos y funcionamiento de la maquinaria vital, que aún no nos dejamos despistar mucho por alharacas y sones montados a propósito para atraer nuestra atención y alejarnos de la cruda realidad.

En esto estoy en las últimas semanas. Me he relajado, he bajado la guardia y, como ramplonamente se dice, me la han colocado. Pero además muy bien empatada. ¿Equivocación o despiste? De la combinación de ambas es el yerro. La cosa tiene no obstante su miga. ¿Dónde está el llamado Estado del bienestar, los derechos de los ciudadanos, la protección social de los trabajadores? ¡Al carajo, en la mierda!

El Estado está en quiebra técnica, en crisis. La ingente y vergonzosa inyección de fondos a la banca para salvar este vil sistema la estamos pagamos y pagaremos los de siempre, los de abajo, los trabajadores, los que no hemos ocasionado este monumental desbarajuste. Y ya estamos en ello. En mi caso, una nimiedad en comparación a la tragedia colectiva que están viviendo millones de familias, ya he empezado a pagar.

Me llegó ayer por correo certificado con acuse de recibo y viene a decir que una vez agotado el período de incapacidad laboral de dieciocho meses incluida prórroga y a la luz del “nuevo reconocimiento médico” (mentira y de las gordas, porque no ha existido), a través del cual se evalúa, califica y revisa la situación, se ha resuelto que procede emitir el alta médica.

Sin haber recuperado plenamente la salud, sin estar en posesión de todas las facultades vitales, el sistema social – el INSS-, me dice, sin más, que tengo que volver al trabajo. Sólo encuentro explicaciones preocupantes: abuso de poder, negligencia y burocracia, y algo que me cuesta creer, pero que cada vez es más indiscutible, el Estado recorta gastos a costa de los contribuyentes y de los derechos sociales.

Afortunadamente la mejoría que he tenido, hasta en el daño que el mismo tratamiento quimioterápico me produjo, me ha permitido también recuperar las ganas de vivir, de luchar, de no callarme ante las injusticias, de pelear por lo que creo justo y de dar la murga. Algunas personas a mí alrededor se inquietan ante esta actitud en la que no cejaré: ante la absoluta y compleja crisis que vivimos no hay otra solución que luchar.


viernes, 20 de febrero de 2009

Las frutas y hortalizas aliadas en la prevención contra el cáncer


Según un estudio reciente, unos pigmentos naturales presentes en algunas frutas y hortalizas poseen propiedades anticancerígenas

Las antocianinas son la clase de flavonoides más abundante en muchas frutas y hortalizas, a las que aportan el color rojo brillante, azul o morado. Las moras, así como el resto de las bayas, son muy ricas en estas sustancias, que también pueden encontrarse en la col lombarda, la granada, las berenjenas, las ciruelas, las cerezas o las uvas, entre otros alimentos.

La revista 'Cancer Prevention Research' publicó recientemente los resultados de un trabajo del Centro de Cáncer Integral del Estado de Ohio (EEUU) centrado en estos pigmentos naturales, a los que se atribuye propiedades en la prevención del cáncer. El estudio, centrado en las moras, se basó en pruebas realizadas con ratas para determinar que las antocianinas inhibían el crecimiento y estimulaban la muerte celular.

Según explicó Gary D. Stoner, director del estudio, "nuestros datos proporcionan una contundente prueba de que las antocianinas son importantes en la prevención del cáncer". Los investigadores descubrieron que el extracto de antocianinas era casi tan eficaz para prevenir el cáncer esofágico en ratas como las moras tomadas enteras. La investigación se encuentra entre las primeras que examina la correlación entre las antocianinas y la prevención del cáncer en animales vivos. "Ahora que sabemos que las antocianinas en las moras son casi tan activas como las moras por sí mismas esperamos poder prevenir el cáncer en humanos", precisa Stoner. Según el científico, el objetivo es mejorar la forma de administrar estos componentes a los tejidos para aumentar su absorción y eficacia. "En último término esperamos probar las antocianinas para la eficacia en múltiples localizaciones orgánicas en los humanos".

La demostración de estas propiedades anticancerígenas se une a otras propiedades ya conocidas de las antocianinas, como las antivirales, hemostáticas y antioxidantes. Además, esta sustancia protege la retina y contribuye así a la conservación de la salud visual, y también defiende al corazón de diversas enfermedades cardiovasculares.

¿Cómo saber cuándo las frutas y hortalizas contienen este elemento tan beneficioso para tu salud? Muy fácil: sólo tienes que fijarte en los colores azulados, morados o granates, que son provocados precisamente por esta sustancia.

http://www.5aldia.org/ / http://www.5aldia.com/

martes, 17 de febrero de 2009

Un violinista en el metro


Un hombre se sentó en una estación del metro en Washington y comenzó a tocar el violín, en una fría mañana de enero.
Durante los siguientes 45 minutos, interpretó seis obras de Bach.
Durante el mismo tiempo, se calcula que pasaron por esa estación algo más de mil personas, casi todas camino a sus trabajos. Transcurrieron tres minutos hasta que alguien se detuvo ante el músico. Un hombre de mediana edad alteró por un segundo su paso y advirtió que había una persona tocando música. Un minuto más tarde, el violinista recibió su primera donación: una mujer arrojó un dólar en la lata y continuó su marcha.
Algunos minutos más tarde, alguien se apoyó contra la pared a escuchar, pero enseguida miró su reloj y retomó su camino. Quien más atención prestó fue un niño de 3 años. Su madre tiraba del brazo, apurada, pero el niño se plantó ante el músico. Cuando su madre logró arrancarlo del lugar, el niño continuó volteando su cabeza para mirar al artista.
Esto se repitió con otros niños. Todos los padres, sin excepción, los forzaron a seguir la marcha. En los tres cuartos de hora que el músico tocó, sólo siete personas se detuvieron y otras veinte dieron dinero, sin interrumpir su camino.
El violinista recaudó 32 dólares. Cuando terminó de tocar y se hizo silencio, nadie pareció advertirlo. No hubo aplausos, ni reconocimientos. Nadie lo sabía, pero ese violinista era Joshua Bell, uno de los mejores músicos del mundo, tocando las obras más complejas que se escribieron alguna vez, en un violín tasado en 3.5 millones de dólares. Dos días antes de su actuación en el metro, Bell colmó un teatro en Boston, con localidades que promediaban los 100 dólares.
Esta es una historia real. La actuación de Joshua Bell de incógnito en el metro fue organizada por el diario The Washington Post como parte de un experimento social sobre la percepción, el gusto y las prioridades de las personas.
La consigna era: en un ambiente banal y a una hora inconveniente, ¿percibimos la belleza? ¿Nos detenemos a apreciarla? ¿Reconocemos el talento en un contexto inesperado? Una de las conclusiones de esta experiencia, podría ser la siguiente: Si no tenemos un instante para detenernos a escuchar a uno de los mejores músicos interpretar la mejor música escrita, ¿qué otras cosas nos estaremos perdiendo?.

Tomado de El Club de la Efectividad. The Washington Post.